La designación de Sarah Mullally (Woking, Reino Unido, 1962) como arzobispa de Canterbury y líder espiritual de la Comunión Anglicana ha marcado un punto de inflexión en la historia de esta institución. Mullally, que fue exobispo de Londres entre 2018 y 2026, es la primera mujer en ocupar este cargo en cinco siglos, un hecho que ha generado tanto apoyo como controversia dentro de la comunidad anglicana, que cuenta con 98 millones de fieles en todo el mundo.
Su nombramiento, realizado por el rey Carlos III por recomendación de la Iglesia de Inglaterra, subraya una evolución en las costumbres religiosas, aunque con el riesgo de provocar un cisma. Esta decisión sigue la línea del acuerdo de 2014, que permitió a las mujeres ser obispos, y que ya generó una fuerte oposición por parte de los sectores más conservadores. Mullally, de 63 años, es enfermera de profesión, casada y madre de dos hijos, y ha entrado en la historia como la 106ª primada de la Iglesia de Inglaterra.
“"Al pedirle al Señor que le conceda la sabiduría, ruego que el Espíritu Santo le guíe al servir a sus comunidades y que se inspire en el ejemplo de María, la Madre de Dios."
Su ascensión al cargo se produce tras la dimisión de su antecesor en 2024, quien estuvo en el punto de mira por su gestión de un caso de abusos sexuales. En su sermón de investidura, Sarah Mullally dedicó sus palabras a las víctimas de los "errores" cometidos por su Iglesia, y urgió a "no pasar por alto ni minimizar el dolor" de quienes han sido "perjudicados" por las "acciones, inacciones o fallos" de los miembros de la curia.
El nombramiento de Mullally ha puesto de manifiesto la profunda fractura existente en la comunidad anglicana. Algunos líderes, especialmente los de África, consideran que la institución está "abandonando las Escrituras" y la "disciplina histórica". Sin embargo, Mullally se define como feminista, partidaria de la libre elección de las mujeres en casos de aborto dentro del ámbito legal y favorable a que su Iglesia bendiga los matrimonios entre personas del mismo sexo, lo que considera "un momento de esperanza para la Iglesia".




