El bruxismo, una patología caracterizada por el apretamiento o rechinamiento involuntario de los dientes, continúa creciendo entre la población joven y adulta y se ha convertido en una consulta cada vez más habitual también en los centros sanitarios de la Comunitat Valenciana.
El aumento del estrés y la ansiedad está detrás de muchos casos y ha provocado que cada vez más pacientes acudan a consulta con dolor mandibular, cefaleas tensionales, tensión cervical, chasquidos o bloqueos funcionales de la mandíbula. Según datos del Consejo General de Dentistas de España, el bruxismo ha pasado de afectar al 6% de la población en 2019 al 23% en la actualidad, situándose entre los tres problemas de salud bucodental más frecuentes.
Alberto Sáez, fisioterapeuta de Vithas València 9 d'Octubre y Vithas Castelló, advierte que este repunte, "estrechamente ligado al aumento del estrés y la ansiedad en la sociedad", ha generado también un incremento de los trastornos de la articulación temporomandibular (ATM).
El bruxismo no tratado puede provocar desgaste dental, fracturas, cefaleas, dolor cervical, trastornos temporomandibulares y limitación funcional de la mandíbula. Por ello, el especialista insiste en la importancia de una detección precoz y de un abordaje integral que incluya la fisioterapia de la ATM para evitar que los síntomas se cronifiquen.
La articulación temporomandibular, una de las estructuras más complejas del cuerpo humano, puede manifestarse con dolor mandibular o facial, dificultad para abrir la boca, tensión cervical, cefaleas tensionales, chasquidos o sensación de bloqueo.
La fisioterapia especializada en ATM aborda la articulación, la musculatura cervical y craneomandibular para reducir el dolor, mejorar la movilidad mandibular y corregir alteraciones funcionales.
El tratamiento fisioterápico combina terapia manual, ejercicios de control motor, pautas posturales y educación al paciente. Los resultados son positivos cuando se trabaja coordinadamente con odontología y psicología, dado el peso del estrés.
Entre los beneficios destacan la reducción del dolor mandibular y facial mediante técnicas de terapia manual intraoral y extraoral, y la disminución de la tensión en los maseteros, temporales y musculatura cervical asociada.
La fisioterapia también ayuda a prevenir daños dentales y la progresión del bruxismo mediante ejercicios de control motor y pautas para identificar momentos de tensión mandibular.
El abordaje se integra dentro de un enfoque multidisciplinar que, cuando es necesario, combina la fisioterapia con la odontología y el apoyo psicológico para lograr un tratamiento más completo y eficaz.




