Con 55 años, Juan Magraner es una figura reconocible en el panorama mediático valenciano. Sus tatuajes, un 'On Air' y un micrófono, son un reflejo de su pasión por la radio, profesión que ejerce cada mañana en los matinales de Radio Valencia Cadena SER. Además, ha explorado facetas como la actuación de doblaje y se ha consolidado como un pionero en la narración de audiolibros.
Su incursión en el mundo de los audiolibros comenzó hace más de veinte años, reclutado por Benja Figueres, copropietario de Kilohercios & Decibelios, un espacio que hoy sirve como refugio durante las tardes de calor. Magraner recuerda la prueba inicial con un fragmento de Moby-Dick, un paso que marcó su inicio en un oficio casi desconocido entonces en la región.
La radio siempre estuvo presente en casa de los Magraner, influyendo en su vocación. Despertarse con Los Porretas, desayunar con Iñaki Gabilondo, merendar con Encarna Sánchez y terminar el día con José María Garcia, conformaron su infancia. El sueño de ser locutor, especialmente como Gabilondo, se materializó tres décadas después.
Su vida familiar actual, con su mujer Cruz y sus dos hijos, uno de ellos Guillem, batería del grupo Tenda, convive con su dedicación profesional. Magraner ve el podcast como una evolución natural de la radio, una "radio bien hecha a la carta", aunque sus mañanas comienzan a las 4:20 horas, evitando la radio para no perder el sueño.
Los 26 años de madrugones han sido un reto constante. "Nadie se acostumbra a eso", confiesa, citando a un médico que le advirtió que el cuerpo humano está hecho para despertarse con la luz natural. La rutina de acostarse temprano, alrededor de las 20:30 horas, es necesaria para afrontar la jornada.
Su trayectoria laboral no comenzó en los medios. Con 16 años, abrió y cerró una joyería. La radio llegó en la facultad de Periodismo del CEU San Pablo, donde trabajó como técnico y locutor para financiar los estudios. Las prácticas de verano en la Cope y Antena 3 Radio fueron el preludio de su incorporación a la Ser.
Hace treinta años, en 1996, Bernardo Guzmán le llamó para trabajar en Informativos. Los primeros años estuvieron marcados por la fascinación de los grandes escudos radiofónicos, los imponentes estudios y la posibilidad de cruzarse con figuras como José María García o Iñaki Gabilondo. El micrófono, para él, siempre ha sido un símbolo de conexión con una audiencia numerosa.
Magraner admite la dificultad de recordar buenas noticias que le hubieran ilusionado dar, señalando que son escasas. En cambio, tiene presentes sucesos trágicos como el accidente del Proof Spirit en el Puerto de València, el crimen de Alcàsser, el accidente de metro y la Dana. Como vecino de Pinedo, vivió de cerca el desalojo durante la tragedia, describiendo escenas "terribles" de gente llegando desnuda y cubierta de barro.
Las imágenes de la Dana y de la Estación de Jesús le marcaron profundamente. La diferencia entre una zona de guerra y la tragedia, donde la gente fue cogida por sorpresa, fue un recordatorio de la crudeza de la realidad. A diferencia de los redactores y fotógrafos, los locutores de radio tuvieron que narrar los hechos "con el nudo en la garganta", y él mismo "lloró en antena", sufriendo una rotura un año después, cuando la adrenalina desapareció.
Su voz, afectada por la Dana, requirió atención. Descubrió la importancia de la locución publicitaria y el doblaje, aunque sus papeles son secundarios (Señor 2, Camarero 1). "Me encantó y aprendí una barbaridad sobre la voz", afirma.
La narración de audiolibros, un oficio que comenzó a finales de los 90, requiere una gran dedicación. Una novela de 300 páginas puede durar entre 17 y 20 horas de grabación. Ha leído "cientos" de títulos, incluyendo obras como Patria, Todo esto te daré o El silencio de la ciudad blanca, adaptando un tono "latino neutro" sin imitar acentos.
Su frase icónica, "Por fin es viernes", que lleva tatuada, demuestra la cercanía con los oyentes. Esta conexión le llevó a tutearles, considerando la radio como "un mueble más de las casas".
Una experiencia particular con un paciente que no podía leer le hizo ver la relevancia de los audiolibros. Su jornada laboral, que comienza antes del amanecer, contrasta con su vida personal, que incluye el gimnasio, caminar y su familia.




