La festividad de San Vicente Ferrer, celebrada ayer lunes en más de 200 municipios de la Comunitat Valenciana, ha servido para reflexionar sobre la figura del patrón y sus implicaciones en el debate político actual. San Vicente Ferrer, canonizado en 1455, es patrón de la Comunitat Valenciana y de la ciudad de València.
Uno de los puntos de fricción es la lengua. Mientras la Conselleria de Educación, gestionada por el Partido Popular, decide excluir a autores catalanes y baleares del currículum de bachillerato, la figura de San Vicente Ferrer, que predicaba en valenciano para conectar con el pueblo, genera interrogantes. Su lengua era la vehicular, la que había aprendido en casa, y no una elección estratégica.
“"Hablad claro, que el pueblo os entienda."
Esta afirmación de San Vicente Ferrer refuerza la idea de una lengua viva y compartida, que contrasta con los discursos que niegan la unidad lingüística o buscan fragmentarla. Su realidad lingüística, hijo de padre de Palamós y madre de Girona, desmonta muchos argumentos actuales.
Otro aspecto problemático es su papel como predicador que promovió la conversión de los judíos, lo que en algunos casos conllevó la destrucción de sinagogas. Este hecho histórico contrasta con el apoyo actual de partidos como el PP y VOX al Estado de Israel. La pregunta es cómo se puede reivindicar una figura histórica sin asumir sus contradicciones, especialmente en un momento de tragedia humanitaria en Palestina.
Las preguntas sobre qué aspectos de la figura de San Vicente Ferrer se quieren realmente reivindicar continúan abiertas. Parece que la selección de los elementos a destacar responde a intereses políticos, más que a un respeto por la memoria o la historia completa. La lengua que hablaba San Vicente Ferrer, la que aprendió en casa, es una evidencia que desmonta muchos discursos actuales.




