En las últimas dos décadas, la hostelería ha dejado de entenderse únicamente como un espacio ligado al producto para convertirse en una experiencia asociada al ocio, el diseño y la socialización. En Castellón, esta transformación ha visto cómo la oferta gastronómica ha incorporado conceptos más amplios. El Grupo Guindilla se ha consolidado como un nombre clave en esta capital, pasando de un primer local en la calle Barracas a una red de once establecimientos activos entre Castellón y Benicassim. Ahora, el grupo prepara dos nuevas aperturas: el antiguo restaurante J. Zamora en el puerto del Grau y el renovado Eurosol en Benicassim.
El origen del grupo se sitúa en la primera Tasca Guindilla, fundada por José Romero y María Bausá en 2002. El local, que anteriormente había sido una peluquería regentada por la madre de Bausá, Teresa Marco, fue elegido por su ubicación estratégica en la calle de las Tascas. En un contexto donde la oferta gastronómica era más limitada y el concepto de restauración experiencial apenas comenzaba a desarrollarse, la primera tasca nació con la visión de crear un negocio de hostelería. Romero destaca cómo el comportamiento del consumidor ha cambiado, con un cliente actual más exigente y con mayor variedad de opciones, lo que obliga al grupo a superarse constantemente.
Desde su fundación, el proyecto ha crecido de manera sostenida, configurando marcas reconocidas como la Bodega La Guindilla, 15 Tapas, El Mercado Gin&Bar, Malabar, Playachica y Habanero. Esta expansión ha ido de la mano de la transformación de los hábitos sociales en torno a la gastronomía. José Romero señala que la gran cantidad de ofertas actuales hace que los clientes tengan dificultades para elegir. La personalidad del grupo, según el empresario, reside en la búsqueda constante de conceptos nuevos, inspirados por viajes y tendencias reinterpretadas para el público local.
El crecimiento del Grupo Guindilla se ha basado en un modelo singular: la incorporación de trabajadores, inicialmente como camareros o encargados, como socios de los nuevos establecimientos. Romero considera esta fórmula una de las mejores para seguir creciendo, poniendo el acento en la evolución personal de sus colaboradores. Este sistema ha permitido consolidar equipos estables y mantener una identidad reconocible en todos los locales.
Más allá de la cocina, el grupo ha hecho una fuerte apuesta por el interiorismo y la ambientación de sus espacios. El diseño se ha convertido en un elemento central de la experiencia gastronómica, una filosofía que José Romero aplica basándose en sus viajes y aprendizajes. Locales como Malabar o Playachica ejemplifican la combinación de hostelería, estética y ocio, especialmente atractiva para el público joven y turístico.
La próxima etapa del grupo incluye la reapertura, prevista para septiembre, del emblemático restaurante J. Zamora en el Grau de Castellón, cerrado desde 2024. Este proyecto, que supone una mezcla de responsabilidad y emoción, mantendrá el vínculo con la tradición marinera, pero con una propuesta gastronómica contemporánea centrada en arroces y brasa. La rehabilitación del inmueble, impulsada por la Autoridad Portuaria, busca recuperar el carácter de punto de encuentro tradicional con códigos actuales. Daniel Zamora, hijo del anterior propietario, participará en esta nueva etapa, un reto que busca mantener el legado de su padre, José Luis.
El segundo gran horizonte del Grupo Guindilla es el futuro Eurosol en Benicassim, todavía pendiente de obras y permisos. José Romero subraya el componente emocional del proyecto, con el objetivo de que sea recordado con el mismo cariño que el original. Estos dos proyectos marcarán previsiblemente el cierre de la trayectoria emprendedora de Romero, quien expresa su orgullo por haber hecho disfrutar a miles de castellonenses a lo largo de más de dos décadas. El Grupo Guindilla se consolida así como una pieza clave en la evolución social y gastronómica reciente de Castellón.




