Hoy en día, tener una casa cerca de la costa de Castellón es un privilegio, pero hace cuatro siglos, vivir o trabajar cerca del mar era una actividad de riesgo que podía costar la libertad o la vida. La piratería berberisca condicionó profundamente la provincia desde principios del siglo XVI, cuando el imperio otomano y el imperio español se enfrentaron en el Mediterráneo.
La costa castellonense era un punto débil donde los otomanos podían realizar incursiones para debilitar la economía local y obtener beneficios del tráfico de esclavos. Se estima que entre el siglo XVI y el XIX, alrededor de un millón y medio de personas fueron afectadas por este tráfico en el Mediterráneo.
Poblaciones como Orpesa, Vinaròs y Almenara sufrieron asaltos feroces. Uno de los más virulentos fue el de Orpesa el 7 de junio de 1534, cuando Jeireddín Barbarroja desembarcó cerca del castillo, saqueando la ciudad y capturando vecinos de Vila-real y Castellón. Dos años después, en 1536, el corsario Caramani volvería a asaltar Orpesa, que era un objetivo recurrente.
Ser capturado en estos asaltos significaba un destino incierto. Los cautivos eran transportados a Argel o a otros mercados de esclavos del norte de África. Algunos podían aspirar a un rescate, tramitado por frailes mercedarios, mientras que otros acababan encadenados a remos de galeras o en oficios penosos, con la opción de convertirse al islam para mejorar sus condiciones.
Esta situación condicionó el desarrollo urbanístico de la costa de Castellón durante siglos. Muchas poblaciones no desarrollaron distritos marítimos hasta bien entrado el siglo XVIII, y las que lo hicieron, como Benicàssim o Peñíscola, lo hicieron bajo la protección de fortificaciones. Felipe II decidió fortificar toda la costa, enviando al ingeniero militar Juan Bautista Antonelli a la provincia en 1563 para idear un sistema de torres de vigilancia.
Este sistema defensivo, junto con victorias como el asedio de Malta en 1565 y Lepanto en 1571, minaron el empuje otomano en el Mediterráneo occidental. Sin embargo, la amenaza persistió hasta finales del siglo XVIII, cuando el Dey de Argel firmó un tratado con España en 1786, y finalmente terminó con la conquista francesa de Argel en 1830.




