Fabián Poquet Guerri: De la Guerra Carlista al cuerpo de Carabineros en Calp

Un expediente militar desvela la vida de Fabián Poquet Guerri, un hombre del siglo XIX que combatió y vigiló el litoral, fijando finalmente su residencia en Calp.

Imagen genérica de un documento militar antiguo con bocetos y sellos.
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Imagen genérica de un documento militar antiguo con bocetos y sellos.

Un expediente militar detalla la vida de Fabián Poquet Guerri (1853-?), hombre modesto del siglo XIX, que combatió en la Tercera Guerra Carlista y sirvió en el Cuerpo de Carabineros, estableciéndose finalmente en Calp.

Muchas familias de Calp y de El Puerto de Santa María descienden hoy de un mismo hombre: Fabián Poquet Guerri. De origen parcentino, Fabián combatió en la Tercera Guerra Carlista, sirvió después en el Cuerpo de Carabineros del Reino y acabó fijando su residencia en la villa de Calp. Su nombre habría quedado reducido al recuerdo familiar si no fuera por un expediente militar que permite seguir, paso a paso, la vida de uno de tantos hombres modestos del siglo XIX, arrastrados por el servicio armado y la vigilancia del litoral.
Fabián Poquet Guerri nació en Parcent el 8 de septiembre de 1853. Hijo de Juan Bautista Poquet, labrador, y de María Guerri, su hoja de filiación militar lo describía como jornalero, de cabello castaño, ojos pardos y una estatura de 1,62 m. Una cicatriz en la frente constituía su señal particular más visible. El expediente añadía un dato significativo sobre su condición social: no sabía leer ni escribir.
Ingresó en el servicio militar el 28 de febrero de 1875. España atravesaba entonces uno de los momentos más violentos de la Tercera Guerra Carlista. Tras pasar por la Caja de Quintos de Alicante, Fabián quedó incorporado al Regimiento de Infantería de Cuenca número 27. Durante los meses siguientes participó en numerosas operaciones militares en lugares como Cantavieja, Organyà, Sant Llorenç de Morunys o los alrededores de La Seu d’Urgell. La documentación señala que durante la toma de Cantavieja se realizaron unos 2.500 prisioneros. Fabián Poquet formó parte de las columnas que actuaron contra las fuerzas de Dorregaray y permaneció destinado en Olite, Estella, Irún y Guipúzcoa hasta la pacificación definitiva del conflicto.
Aquella experiencia militar dejó huella en su hoja de servicios. El Estado le reconoció el derecho al uso de la Medalla de Alfonso XII y lo declaró Benemérito de la Patria. En 1879 abandonó los batallones de reserva y pasó al Regimiento de infantería Asia número 59. Poco después ingresó en el Cuerpo de Carabineros del Reino, institución encargada de la vigilancia fiscal y marítima. Entre medias aparecen permisos, traslados y sucesivos reenganches que prolongaron su permanencia en el cuerpo hasta comienzos del siglo XX. En 1890 fue destinado de forma temporal a la comandancia de Algeciras antes de regresar de nuevo a Alicante.
La documentación también ilumina aspectos íntimos de su vida familiar. El 20 de mayo de 1882 contrajo matrimonio en Parcent con María Teresa Poquet Pérez. La pareja ya aparecía avecindada en Calp en aquel año. Su esposa falleció poco después, el 8 de octubre de 1883. Viudo a los treinta años, Fabián volvió a casarse el 8 de marzo de 1886 en Calp con Melchora Cabrera Pérez. Ese enlace explica la vinculación posterior del antiguo carabinero con la villa. Melchora habitaba en una casa de labor de la partida de Carrió, próxima a la línea de costa donde debió de servir Fabián.
Uno de los pasajes más reveladores del expediente aparece en 1894. La superioridad le concedió un nuevo reenganche pese a no saber leer ni escribir y encontrarse próximo a la edad límite reglamentaria. La resolución advertía que no recibiría futuras renovaciones si no adquiría instrucción básica.
Finalmente, en julio de 1904, la Comandancia de Carabineros de Alicante formalizó su propuesta de retiro. El expediente le reconocía 28 años y ocho meses de servicios efectivos y más de 29 años computables para una jubilación que se concretó en 22,50 pesetas mensuales. Desconocemos su fecha de defunción por la destrucción del archivo parroquial. Tras los sellos oficiales queda el rastro de un hombre del siglo XIX que atravesó algunos de los episodios más convulsos de la España contemporánea.