La ciudad de Dénia, conocida por su vibrante oferta gastronómica, observa con sorpresa el cierre prolongado de cuatro de sus establecimientos más icónicos. Dos de ellos llevan años vacíos, otro acaba de bajar la persiana y un cuarto se encuentra en una situación de incertidumbre. Todos ocupan edificios históricos que ahora muestran un aspecto desolador.
La Pizzería Pati de la Creu, situada en la legendaria plaza de la Creu en Baix la Mar, fue un punto de encuentro hasta bien entrado el siglo actual. Este local simbolizaba el ambiente bohemio y acogedor del distrito marinero en los años noventa. El edificio, que incluye el restaurante en la planta baja y una vivienda en la superior, con 185 m2, está a la venta por 595.000 euros. Su portal de piedra data de mediados del siglo XVII, de la época de Felipe IV, y es característico de los barrios históricos de Dénia.
El Miguel Juan, considerado el segundo bar más antiguo de Dénia, fundado entre 1929 y 1933, ha tenido una trayectoria tumultuosa en los últimos años. Tras un cierre en 2022 y una reapertura en marzo de 2023 con un nuevo propietario que buscaba conservar su identidad gastronómica, el local cerró de nuevo en febrero de 2026 por vacaciones y una reforma sin fecha de finalización. Desde entonces, no ha vuelto a abrir, y su situación actual está marcada por la incertidumbre.
El Mirall, otro restaurante emblemático, se ha trasladado a la calle Rap en Les Marines este pasado marzo. Sin embargo, el edificio que ocupaba anteriormente en el Paseo de El Raset, una de las fachadas marítimas más visibles de Baix la Mar, ha quedado abandonado. Este inmueble, que podría datar del siglo XVIII o XIX, cargaba con una gran identidad y ahora se desconoce qué destino tendrá.
Finalmente, El Comercio, fundado en 1888 como uno de los primeros hoteles de Dénia, cerró sus puertas en octubre de 2021. Aunque un grupo de empresarios lo compró en enero de 2019 con la intención de reconvertirlo en hotel y mantener el restaurante, no se ha sabido nada más. Este edificio, que alojó a figuras como Manuel Azaña y los hijos de Vicente Blasco Ibáñez, sufrió un primer cierre en 1981 y ahora su preservación está en debate, ya que solo se debe mantener la fachada y la cubierta, poniendo en riesgo elementos de valor histórico.




