El bótox, tradicionalmente asociado a las mujeres, ya no es un tratamiento exclusivo de ellas. La medicina estética masculina está en auge en la Comunitat Valenciana, especialmente en procedimientos mínimamente invasivos como la toxina botulínica, que cada vez son más solicitados por los hombres.
Según datos de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS), la toxina botulínica continúa siendo el tratamiento no quirúrgico más realizado a nivel mundial, con 7,8 millones de procedimientos en 2024, y con un incremento progresivo de la demanda entre la población masculina. Los hombres en Valencia buscan un rejuvenecimiento natural sin perder expresividad.
Actualmente, entre el 20% y el 25% de los tratamientos estéticos no quirúrgicos ya se realizan en hombres, una cifra en crecimiento que también se refleja en España y en el territorio valenciano, donde se consolida una estética basada en la naturalidad y el rejuvenecimiento discreto.
“"La mayoría de los hombres solicitan tratamientos que les ayuden a verse más descansados y a suavizar las arrugas sin perder su expresividad ni su identidad facial."
La toxina botulínica es especialmente eficaz para arrugas dinámicas como las patas de gallo, las líneas de la frente o el entrecejo, siempre que se aplique de manera personalizada y adaptada a la anatomía masculina. Entre los 30 y 45 años, el tratamiento se utiliza con un enfoque preventivo, mientras que en hombres de 45 a 65 años permite suavizar arrugas profundas y aportar un aspecto más relajado y rejuvenecido.
Más allá de la estética, el bótox también se ha consolidado como una solución eficaz para la hiperhidrosis axilar, un problema que afecta significativamente la calidad de vida. Según los especialistas, en consulta puede llegar a haber el doble de hombres que acuden por exceso de sudoración frente a los que lo hacen por motivos estéticos, especialmente entre profesionales que trabajan de cara al público, deportistas o artistas. El efecto del tratamiento suele mantenerse durante unos seis meses, convirtiéndose en una opción segura cuando otros tratamientos no han funcionado.
En paralelo, la medicina estética ha evolucionado hacia lo que se conoce como “rejuvenecimiento funcional”, una tendencia que busca mejorar la expresión del rostro sin transformarlo, manteniendo la identidad del paciente y ralentizando el envejecimiento de forma natural. Los expertos coinciden en que el éxito del tratamiento radica en la personalización y en una aplicación precisa, alejándose de los resultados artificiales del pasado y apostando por una estética más discreta y adaptada a cada persona.




