Valencia atrae inversión inmobiliaria pero necesita suelo y transporte

Expertos reclaman agilidad administrativa y una visión metropolitana para afrontar el déficit residencial y el interés por nuevas actividades económicas.

Imagen genérica de la ciudad de Valencia con edificios en construcción.
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Imagen genérica de la ciudad de Valencia con edificios en construcción.

La ciudad de Valencia se ha convertido en un polo de atracción para la inversión inmobiliaria, tanto residencial como terciaria, gracias a su crecimiento demográfico y calidad de vida. Sin embargo, la falta de suelo disponible y las deficiencias en el transporte metropolitano representan los principales obstáculos para absorber la creciente demanda.

València vive uno de sus momentos de mayor atractivo para la inversión inmobiliaria. La ciudad se ha situado en el foco de fondos nacionales e internacionales para iniciar nuevos proyectos, tanto en el segmento residencial como terciario, por su crecimiento demográfico, calidad de vida y su potencial industrial con precios más asequibles que mercados más maduros como Madrid o Barcelona. Sin embargo, ese 'apetito' se enfrenta a dos principales obstáculos: la escasez de suelo en el 'Cap i Casal' y las carencias del transporte metropolitano que dificultan el salto del capital a ciertos municipios que carecen de buenas conexiones. Así se puso de manifiesto durante la jornada 'Invertir, desarrollar y transformar: el futuro de los grandes proyectos inmobiliarios', organizada por Simetría Grupo y Valencia Plaza.
Un dilema que ha abierto el debate sobre hacia dónde debe crecer la Capital del Turia para absorber esa gran demanda que hay en el mercado. Porque la falta de suelo está provocando un grave problema de oferta en el mercado que los expertos avisan de que irá a más de no resolverse. Ante este escenario, promotores, inversores y urbanistas reclamaron una mayor agilidad administrativa y una visión metropolitana para responder al déficit residencial actual y al creciente interés de espacio para nuevas actividades económicas.

València se ha puesto en el mapa.

Así lo destacó José Luis Palau, director de Área Desarrollo de Simetría Grupo, quien explicó que la ciudad ha pasado de un modelo basado principalmente en promotores locales y en el desarrollo de vivienda tradicional vinculada a su crecimiento urbano a convertirse en un destino atractivo para el capital institucional. Palau recordó cómo hace años costaba convencer a los inversores, que veían la ciudad como un simple destino de playa, mientras que ahora son los fondos los que reservan recursos para invertir en ella. A la jornada asistieron numerosos representantes empresariales valencianos, entre ellos Gabriel Alberto Batalla Reigada, presidente de Simetría Grupo.
Palau defendió que las necesidades habitacionales han evolucionado y ya no se limitan a la vivienda convencional, citando la necesidad de nuevos formatos como el 'living'. Simetría Grupo, explicó, está orientando parte de su actividad hacia residencias de estudiantes o 'flex living', como los proyectos impulsados en la avenida de los Naranjos (Nido Malvarrosa) y una nueva iniciativa conjunta con Atitlan en el Cabanyal que sumará cerca de 700 habitaciones en formato 'flex'.

El día que se haga el Grau le dará el impulso que necesita para convertirla en la joya del Mediterráneo.

Roberto Centeno, presidente de Atitlan, coincidió en que el principal problema no es la falta de capital, sino encontrar y sacar adelante los proyectos. Destacó la transformación de Valencia desde el final del boom inmobiliario y valoró la apuesta de Atitlan por grandes proyectos como el terciario del Nou Mestalla o el PAI del Grau, que considera clave para el futuro de la ciudad.
Javier Faus, consejero delegado de Meridia Capital Partners, recordó que Valencia ya forma parte del radar de los grandes inversores institucionales europeos. La capital valenciana ha ganado relevancia en los últimos años, y Meridia Capital gestiona más de 3.000 millones de euros en diversos segmentos inmobiliarios. Destacó el proyecto logístico desarrollado en Aldaia.
El urbanista Alejandro Escribano, considerado el padre del Plan General de Valencia de 1988, dibujó un panorama complicado si no se actúa con urgencia. Advirtió de que las reservas residenciales están prácticamente agotadas, estimando un déficit de unas 17.000 viviendas y solo disponibilidad para unas 8.000 nuevas unidades en actuaciones pendientes. 'Mi diagnóstico es que el suelo se ha terminado', aseguró, remarcando que 'la única expansión posible pasa por el área metropolitana y por mejorar las conexiones de transporte público'.
La preocupación común durante el encuentro fue la vivienda. El incremento de la población, el auge de nuevos perfiles de demanda y la escasez de producto disponible explican la tensión en el mercado. José Luis Palau estimó unas 3.000 viviendas disponibles para más de 50.000 estudiantes buscando alojamiento, una ratio de 25 personas por vivienda. Valencia necesita construir entre 5.000 y 6.000 viviendas al año, una cifra muy superior a la producción actual.
La necesidad de decisiones tanto dentro de la ciudad como en su área metropolitana fue un clamor. 'Es evidente que allí donde ha habido buenas comunicaciones el crecimiento ha funcionado', afirmó Palau, citando municipios como Torrent, Mislata, Quart de Poblet o Paterna como ejemplos de integración urbana.
Roberto Centeno advirtió del riesgo de agravar la emergencia habitacional si no se actúa. 'El área metropolitana es donde está la oportunidad', afirmó, señalando que la falta de producto puede derivar en un conflicto social. La solución pasa por superar los límites administrativos de la capital y aprovechar el potencial de los municipios de su entorno. Alejandro Escribano defendió una estrategia basada en corredores metropolitanos bien conectados mediante transporte público y la urgencia de movilizar grandes bolsas de suelo, proponiendo incluso la posibilidad de expropiaciones similares a las de Parc Sagunt para suelo industrial.
El transporte fue señalado como otra gran asignatura pendiente. Javier Faus criticó la falta de inversión en movilidad metropolitana, priorizando la alta velocidad en detrimento de la movilidad cotidiana. 'Si el área metropolitana tuviera un transporte de verdad, el problema de la vivienda sería muy distinto. No se trata de kilómetros, sino de minutos', afirmó. Faus también alertó del riesgo de que Valencia se convierta en una 'Venecia' dominada por el turismo, perdiendo autenticidad.
Más allá de la vivienda, los participantes alertaron del problema de la fiscalidad, con impuestos que representan entre un 20% y un 30% del precio de una vivienda. Los largos procedimientos administrativos y el farragoso marco regulatorio también fueron señalados como escollos. Se reclamaron procedimientos más ágiles y una mayor coordinación entre administraciones para acelerar tanto los desarrollos residenciales como los industriales.
La conclusión general es que Valencia atraviesa una época dorada con gran actividad inversora y demanda. No obstante, el reto es mayúsculo y la incógnita es si será capaz de generar el suelo, las infraestructuras y la planificación necesarias para acompañar ese crecimiento.