Vuelve 'Los ilusos': la película que marcó un antes y un después

La nueva versión del filme de Jonás Trueba, ahora en color, se reestrena en València trece años después, reflexionando sobre el cine, la vida y el paso del tiempo.

Imagen genérica de un cine antiguo con asientos vacíos.
IA

Imagen genérica de un cine antiguo con asientos vacíos.

La película Los ilusos, dirigida por Jonás Trueba, regresa a las salas trece años después de su estreno limitado, ahora con una nueva versión que recupera el color y dialoga con el original en blanco y negro.

La película Los ilusos, que tuvo un estreno muy restringido hace trece años, vuelve ahora a las salas con una versión renovada. Esta nueva edición, titulada Los ilusos 13+13, mantiene el montaje original pero incorpora el color del material rodado entre 2011 y 2012, poniéndolo en diálogo con las imágenes en blanco y negro de la obra fundacional para Jonás Trueba y el núcleo creativo de Los Ilusos Films.
El resultado es una obra atravesada por el paso del tiempo, que funciona como un retrato del deseo de hacer cine y, al mismo tiempo, como una cápsula del tiempo de una ciudad, una generación y una forma de entender la creación colectiva. Jonás Trueba y Vito Sanz, director y actor del filme respectivamente, presentaron esta nueva versión en los Cines Babel de València.
Trueba describió Los ilusos como su "película cero", a pesar de haber dirigido previamente Todas las canciones hablan de mí. Explicó que, si bien quedó satisfecho con el resultado de su primer filme, el proceso de producción y distribución le generó insatisfacción. Ante un contexto cinematográfico en transición, decidió hacer Los ilusos como respuesta a la pregunta de qué película podía hacer sin impedimentos, buscando una opción "posibilista" hecha con amigos y con pocos recursos, autofinanciada y con el objetivo de construir una forma diferente de producir y distribuir.
Vito Sanz destacó cómo la independencia creativa y de producción, a pesar de los condicionantes, aportó serenidad y la fuerza de "hacer algo con lo que tenemos". Tanto Sanz como Trueba subrayaron que la renuncia de todo el equipo a muchos aspectos (salario, medios, personajes convencionales) fue clave para imponer la personalidad y la fuerza del proyecto, demostrando que podían hacer cine dependiendo de sí mismos.
La película marcó profundamente a Sanz, quien la considera un punto de inflexión vital y profesional. Señaló que, frente al "ruido" de la industria actual, la posibilidad de hacer cine con autonomía y amigos ayuda a "silenciar ese ruido" y a centrarse en la capacidad propia.
Respecto a la implicación del elenco, Sanz comentó que la película fue un punto de partida para muchos, con encuentros informales para rodar y construir juntos. Trueba añadió que no estaba claro desde el principio que se convirtiera en una película, pero su deseo de hacerla así, fruto de reflexiones previas, contagió al equipo. El "espíritu de Los ilusos" se ha convertido en un mantra para el colectivo, que ha continuado haciendo filmes juntos.
Durante el rodaje, existía la conciencia de que todo podía formar parte del metraje final, buscando una película "porosa y física". El largo proceso de montaje consistió en no borrar la sensación del rodaje, manteniendo vivo el espíritu colectivo. Trueba destacó que, a pesar de no tener un hilo narrativo convencional, la película encontraba su propio flujo.
La visión de la película en sala, a diferencia de la visualización en portátil, revela su naturaleza divertida y costumbrista. Trueba señala que el color de la nueva versión hace aflorar mejor el lado cómico, que ya estaba presente pero podía quedar enmascarado por la solemnidad del blanco y negro. Tanto él como Sanz consideran que su espíritu es el de una comedia, que hace humor incluso con temas serios como la muerte del cine o crisis personales.
Sobre las críticas de "pretencioso" o "pedante" al cine de autor, Trueba argumenta que sus películas son "ligeras" aunque se tomen "en serio" determinados aspectos de la vida cotidiana. Señala un "encierro cultural" y prejuicios en torno al cine de autor, afirmando que sus obras no son impostadas y que el lenguaje cinematográfico permite "pretender cosas", como ofrecer una buena experiencia en sala.
Sanz reitera que los temas y referencias de las películas forman parte de su amistad y de su día a día, viviéndolo como algo natural y bonito. Destaca que no hablan de "grandes temas abstractos", sino de cuestiones que les afectan personalmente. Trueba reconoce que Sanz, con su conexión popular, ayuda a "dar tierra" a las películas y a equilibrar tensiones, aportando humor y contrapesando su tendencia a hablar sin parar.
La representación de Madrid en Los ilusos, vista trece años después, evoca una sensación "fantasmal" y melancólica, capturando un barrio que ya no existe igual. Trueba reconoce que el paso del tiempo es inevitable y que las ciudades cambian constantemente, sintiendo una "punzada" cuando desaparecen espacios familiares. La película refleja la crisis económica de aquellos años, con locales cerrados, pero también la capacidad de capturar aquello que estaba "en el aire".
La sensación de dislocación entre la actualidad de la película y el rápido cambio de la ciudad es palpable. Trueba señala que las ciudades cambian y que uno se da más cuenta de ello con los años. Sanz menciona el caso del barrio del Carmen en València como ejemplo de transformación urbana que ocurre en todas las ciudades.
La conciencia de registrar lo que se perdía era especialmente clara con las salas de cine. Trueba recuerda la emoción de filmar sus fachadas, pensando que podían desaparecer, y ahora ve que todas siguen abiertas. Más allá de los cines, la sensación de capturar la ciudad antes de que cambie es constante, como cuando descubre que un bar querido ha cerrado para abrir un kebab.