La discusión sobre si el calendario de cierre nuclear pactado en 2019 entre el Gobierno y los propietarios de las centrales debe modificarse o no, a raíz de los cambios geopolíticos y energéticos de los últimos años, es el punto central. Es fundamental abordar este debate desde una perspectiva técnica, económica y estratégica, evitando posiciones sectarias.
España posee uno de los mayores recursos solares del mundo, con una combinación excepcional de radiación, temperatura y superficie disponible. La combinación de renovables y almacenamiento es la forma más barata, rápida y flexible de generación eléctrica. Los avances tecnológicos han permitido que las renovables modernas aporten servicios de red y control dinámico con tiempos de respuesta rápidos.
Hoy sabemos que si las renovables hubieran tenido permiso para hacer control de tensión, el apagón probablemente no hubiera sucedido.
El contexto energético de 2019 y el actual son muy distintos. España dispone ya de más de 100 GW renovables instalados y decenas de GWh de almacenamiento en desarrollo. Diversos estudios concluyen que el sistema puede absorber el cierre previsto de Almaraz en 2027 sin comprometer la seguridad del suministro ni incrementar la dependencia del gas.
De hecho, mantener activa más energía nuclear de la prevista podría comprometer la ventaja competitiva. En determinadas horas, ya se registran vertidos y restricciones técnicas de generación renovable por falta de almacenamiento y flexibilidad. Esto significa que se está desaprovechando parte de la energía renovable que ha costado tanto esfuerzo e inversión.
En términos energéticos globales, Almaraz podría haber estado parado todo 2025 y el sistema no se habría enterado.
Defender un sistema basado principalmente en generación nuclear frente a renovables híbridas con almacenamiento es como defender el gramófono frente al streaming. La nuclear es un modelo rígido con residuos peligrosos, mientras que las renovables híbridas forman parte de una nueva arquitectura energética basada en flexibilidad, almacenamiento y digitalización, necesaria para una economía moderna.
El debate actual sobre el modelo energético es legítimo, pero los datos indican que continuar con el calendario pactado no debería tener un impacto negativo en el sistema eléctrico español. Al contrario, revertirlo podría enviar una señal equivocada en un momento en que España atrae inversión industrial gracias a la competitividad de su energía renovable.
En la Comunitat Valenciana, el cierre pactado de Cofrentes está previsto para 2030. Hay que estar atentos por si, llegado el momento, cabe revisar ese calendario, pero adelantar este debate con tres años de antelación, dada la velocidad de los acontecimientos y la evolución tecnológica, es prematuro.