La ciudad de Elda vive un espejismo anual durante los cinco días que duran sus fiestas de Moros y Cristianos. Zonas como el casco antiguo y el barrio de La Prosperidad, normalmente desiertas, se llenan de vida gracias a casi 400 'cuartelillos'. Estos locales, en su mayoría bajos comerciales con persiana bajada y candados el resto del año, se abren de par en par durante la celebración, convirtiéndose en el corazón de la fiesta y un símbolo de hospitalidad para los ciudadanos.
Sin embargo, esta vitalidad efímera contrasta con la realidad del resto del año. El número de 'cuartelillos' no para de aumentar, alcanzando 376 locales con licencia para las fiestas de 2025. José Miguel Tornero, presidente de la Asociación de Vecinos La Purísima, señala que esta proliferación ha contribuido a la degradación del barrio, donde antes había comercios y ahora predominan estos espacios festeros. "No hay negocio alguno. La calle Colón antes tenía vida", lamenta.
La ordenanza municipal aprobada en enero de 2025 pretende regular la convivencia, pero tanto Tornero como Rubén Arroyo, abogado de la Asociación de Locales de Ocio de Elda (ALOE), consideran que se queda corta y su aplicación es insuficiente. Denuncian molestias fuera de temporada, con 'cuartelillos' abiertos hasta altas horas de la madrugada los fines de semana, e incluso alquileres ilícitos para eventos privados, una práctica prohibida por la norma.
Políticos como el concejal de Cultura, Iñaki Pérez (IU - Elda Para Todas), y el secretario del Grupo Municipal Popular, Miguel Ángel Rubio, reconocen los perjuicios de la proliferación, aunque destacan la aportación de los 'cuartelillos' a la fiesta. Rubio ve complicado limitarlos legalmente por la libertad del propietario, mientras que Pérez propone estudiar zonas tensionadas y valora la conservación de inmuebles antiguos gracias a estos locales.
El debate sobre la revitalización del casco antiguo empieza a dar frutos con iniciativas como el programa 'Elda Centro Histórico', que ofrece ayudas para abrir nuevos comercios. Sin embargo, surge la pregunta: "¿En qué locales? Si son todos 'cuartelillos'", cuestiona Tornero, poniendo de manifiesto el reto pendiente de compaginar la tradición festera con la vida continuada de la ciudad.




