Luisa Máñez, autora de 'Escicha', construye un universo narrativo donde la belleza y la crudeza conviven sin jerarquías. La novela, publicada por Talentura, presenta la fatalidad no como un accidente, sino como una herencia, una cicatriz invisible que se transmite. La autora, valenciana y residente en Almassora, sitúa el entorno rural en un plano casi mítico, donde la naturaleza no consuela y los personajes son llevados al límite de lo humano.
“"La muerte es una compañera más a la que había que darle un lugar."
La inspiración para 'Escicha' surgió de una escena cotidiana en una aldea de la Sierra del Segura, donde la muerte es tratada con naturalidad. Máñez observó cómo unas vecinas reían con espontaneidad tras la muerte de un aldeano, aceptando la muerte como una parte de la vida. Este hecho la llevó a reflexionar sobre cómo la sociedad actual priva a la muerte de su espacio, y la necesidad de regresar a las raíces para reintegrarla.
El título de la novela proviene de una deformación oral de la palabra «desdicha», que la autora eligió por su gran carga emocional. Máñez buscaba explorar la miseria de la especie humana, aquella que se hereda y se transmite, más allá de las clases sociales. Su formación en Salud Ambiental influye en su mirada hacia la naturaleza, que en la novela no es un simple fondo, sino una presencia viva y moral que condiciona el destino de los personajes.
“"La poética de lo sórdido me fascina y es necesaria en esta novela, porque le da la mano al lector."
La estructura de 'Escicha' en tres partes –mirar, callar y caer– fue tomando forma a medida que los personajes ganaban autonomía. La autora dejó que ellos mismos se precipitaran en sus destinos, limitándose a narrarlo con su estilo literario. La crítica ha definido su estilo como «entraña, aullido y poesía», un equilibrio que Máñez logra apelando a la sensibilidad del lector a través del tremendismo y el lirismo.




