La iniciativa «L'Alfàs 2026. Año Cultural» va más allá de la simple conmemoración de efemérides, poniendo en valor una forma de entender la gestión pública. No se trata solo del centenario del Espai Cultural Escoles Velles, ni de los 35 años de la Casa de Cultura, ni de aniversarios como los del Museo Villa Romana, el Faro de l'Albir, el Centro Social de la Playa, La Cantera o el Centro de Educación Ambiental Carabineros. Se habla de una trayectoria sostenida en el tiempo y de una política cultural coherente.
Las infraestructuras culturales no nacen por casualidad, sino que requieren visión, planificación y voluntad política. Cuando existe un compromiso político, la cultura se convierte en una inversión. L'Alfàs del Pi celebra hoy 12 festivales al año, fruto de una estrategia cultural seria y estable. El Festival de Cine, que alcanza ya su 38ª edición, es el ejemplo más visible.
Además, el municipio cuenta con una sólida red de 14 espacios culturales, de los cuales 8 son municipales. Estos espacios están pensados para la ciudadanía y al servicio de la vida colectiva, conservando la memoria, reforzando la identidad compartida y tendiendo puentes entre generaciones. La presentación del libro «Records escolars. Memòria i vida de les Escoles Velles» recuerda que la cultura no es un lujo, sino memoria, comunidad y pertenencia.
“"Si cree usted que la educación es cara, pruebe con la ignorancia. Con la cultura sucede exactamente lo mismo. Nunca es demasiado costosa. Lo verdaderamente caro, lo irresponsablemente caro, es prescindir de ella."
Municipios como Altea o La Nucía también han entendido que la cultura genera valor social, económico y territorial. La cultura atrae, cohesiona, dinamiza y proyecta, mejorando la calidad de vida y fortaleciendo la imagen de un municipio. En contraste, se plantea la situación de Benidorm, uno de los grandes motores turísticos de la Comunitat Valenciana, que arrastra una política cultural insuficiente.
La realidad de Benidorm muestra un centro cultural sin terminar, infraestructuras por debajo de lo que corresponde a su dimensión y decisiones políticas que revelan una preocupante falta de prioridades. Un ejemplo reciente es el desvío de una partida para mejorar las condiciones acústicas de salas culturales hacia el asfaltado de calles. Recortar en cultura significa recortar en oportunidades, cohesión social y calidad de vida.
Benidorm no puede permitirse esta inercia si quiere liderar el turismo internacional y presumir de modernidad. La falta de una decisión política clara es lo que impide a la ciudad aprovechar su potencial cultural, tal como lo hicieron otros municipios hace décadas.




