Este proyecto nace de la voluntad de fomentar la comunicación intergeneracional y de apoyar a nuevos talentos. Dani Redondo, estudiante de último curso de Diseño de Producto, concibió la idea tras observar a su abuelo, quien se resistía a utilizar los andadores tradicionales por vergüenza.
“"Mi abuelo empezó a usarlos, pero no quería salir de casa con ellos."
La investigación de Redondo lo llevó a residencias y calles, donde encontró una respuesta similar: muchas personas mayores preferían utilizar carritos de la compra antes que andadores, percibidos como estigmatizantes. Esta observación lo llevó a diseñar unos andadores-carrito inspirados en la funcionalidad de las bicicletas y los carritos de bebés, buscando una mayor sensibilidad en el diseño para las personas mayores.
Para el desarrollo de su proyecto final, Redondo entrevistó a fisioterapeutas, ortopedas y un centenar de personas mayores. Una de ellas, Isabel Gandia, de 87 años, sugirió el nombre de Ocellet para el producto, que finalmente se llamó Rondine, que significa 'golondrina' en italiano, un símbolo de libertad.
Dani Redondo presentó su prototipo, Rondine, a Rolser como parte de sus prácticas formativas. Vicent Server, representante de la empresa, destacó la preparación del joven diseñador para integrar el producto con la línea existente de Rolser, una empresa con sesenta años de historia y en constante evolución.




