El 28 de abril de hace un año, la Marina Alta sufrió un apagón eléctrico que duró doce horas, provocando un colapso generalizado, incertidumbre y pérdidas económicas. Este evento, que paralizó la comarca, ha sido objeto de numerosos debates y análisis desde entonces.
Sin embargo, aquella jornada también tuvo aspectos positivos. La radio recuperó su protagonismo, gracias a las pilas que aún se podían adquirir en los comercios. Durante unas horas, especialmente al atardecer, se restablecieron las tertulias y los corrillos en plazas y calles, como en Els Quatre Cantons de Dénia, y los niños salieron masivamente al exterior, sin nada que hacer en casa. Estas imágenes evocaron un pasado casi olvidado, antes de la era de internet y la telefonía móvil.
Uno de los momentos más impactantes fue al caer la noche, cuando el silencio absoluto y la oscuridad, solo rota por las luces azules de los vehículos policiales, permitieron contemplar un cielo estrellado como hacía décadas que no se veía. La situación también resaltó el valor del dinero en metálico, que resultó esencial en un momento donde los pagos electrónicos eran imposibles.
Desde aquel día, las causas del apagón y las responsabilidades empresariales continúan sin resolverse completamente. El único cambio significativo ha sido el encarecimiento del recibo de la luz en un 20% respecto al año anterior, una subida influenciada por factores globales. Aunque se considera poco probable que un evento de esta magnitud se repita, la experiencia ha dejado una lección sobre la importancia de la preparación y la capacidad de adaptación.




