La situación, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada del viernes, pone de manifiesto la persistente problemática de la falta de recursos sanitarios en la Marina Alta. La paciente, que ya estaba vestida con ropa de calle, tuvo que esperar desde las 10 de la mañana hasta las 0.20 horas del día siguiente para poder abandonar el centro hospitalario.
El caso retrata con crudeza una realidad que en la comarca se denuncia desde hace tiempo: la falta de recursos sanitarios, la presión asistencial y las demoras que acaban golpeando con más dureza a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
Esta larga espera no solo afectó directamente a la paciente, sino que también generó un efecto en cadena dentro del hospital. La mujer había pasado previamente tres días en urgencias antes de ingresar en planta, compartiendo habitación con otra paciente de 81 años intervenida del corazón.
El retraso en su traslado implicó que la cama continuara ocupada por una persona ya dada de alta, mientras otra paciente esperaba en urgencias para poder ingresar. Este cuello de botella ilustra las consecuencias directas de la escasez de medios en la atención diaria, afectando el descanso de los pacientes, los tiempos de ingreso y la saturación de los servicios de urgencias.




