Fallece Agustín Andreu, filósofo y teólogo valenciano, a los 97 años

El reconocido pensador de Paterna, especialista en Leibniz y vinculado a María Zambrano, deja un legado humanista marcado por la Guerra Civil.

Imagen de un libro antiguo abierto sobre una mesa de madera, con luz cálida.
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Imagen de un libro antiguo abierto sobre una mesa de madera, con luz cálida.

El filósofo y teólogo valenciano Agustín Andreu, nacido en Paterna, ha fallecido este sábado 23 de mayo a los 97 años, dejando una profunda huella en el pensamiento humanista.

Agustín Andreu, reconocido filósofo y teólogo valenciano, ha fallecido este sábado 23 de mayo a la edad de 97 años. Andreu, nacido en Paterna el 30 de septiembre de 1928, dedicó su vida al estudio de la filosofía, la teología y la tradición humanista europea, desarrollando una visión espiritual y crítica del pensamiento alejada de las tendencias académicas predominantes.
Durante casi dos décadas, ejerció como profesor en la Facultad de Teología de Valencia, y también impartió docencia de Ética y Antropología en la Universitat Politècnica de València. Su labor se extendió a la colaboración con el Instituto de Filosofía del CSIC. Andreu fue presidente de honor de la Sociedad Española Leibniz y un pionero en la introducción en España de autores como Jakob Böhme, Lessing, Leibniz o Shaftesbury, mediante traducciones, ensayos y prólogos que promovieron lo que él denominaba “la otra Ilustración”.
Entre sus obras más significativas se encuentran El cristianismo metafísico de Antonio Machado, El Logos alejandrino y diversos volúmenes de Sideraciones. Su figura estuvo estrechamente ligada a la de María Zambrano, relación que quedó plasmada en Cartas de La Pièce (2002).
La Guerra Civil, que vivió con siete años en Paterna, marcó profundamente su vida y obra. Andreu recordaba en una entrevista de 2017: “Yo soy un niño de la Guerra”. Las vivencias de la contienda, incluyendo las descargas de los fusilamientos cerca de su casa, conformaron su material para pensar y vivir. En aquella misma conversación, advertía sobre un futuro de “grandes catástrofes”, pero matizaba con optimismo a largo plazo: “Soy pesimista a corto plazo. Optimista, a muy largo plazo, lo soy”. Hasta el final, mantuvo una mirada reflexiva sobre la condición humana, la historia y la espiritualidad, afirmando que “el hombre no ha podido matar el punto de bien que hay en el fondo suyo”.
En una entrevista anterior de 2006, Andreu ya reflexionaba sobre la crisis de la religión y la espiritualidad en Europa, anticipando un “cristianismo de ermitas” y grupos reducidos frente al declive del “cristianismo de catedrales”. Crítico con la unión histórica entre religión y poder político, defendía una fe más arraigada a la experiencia humana y advertía de los peligros de un futuro sin un “método muy serio”, que podría acarrear “como poco medio siglo de ridiculez”.