Esta iniciativa busca visibilizar las historias de estas mujeres, muchas de las cuales fueron víctimas de culpabilidad por delegación, por ser pareja, madre o hija de hombres perseguidos. La exposición pone cara y nombre a estas víctimas, recuperando su memoria en un contexto donde los movimientos que exaltan el franquismo resurgen con fuerza.
Si leemos sus historias, nos damos cuenta de la crueldad desmedida que primero el régimen y luego la desmemoria, han tenido con estas mujeres.
A diferencia de otros casos más conocidos, como el de las «13 rosas», esta exposición destaca la importancia de aplicar una perspectiva de género a la memoria histórica, ya que la represión contra las mujeres ha sido a menudo menos documentada. Muchas de ellas fueron ejecutadas incluso cuando la pena de muerte de sus compañeros masculinos fue conmutada, siendo consideradas peligrosas por su capacidad de ser un ejemplo a seguir.
Objetos personales como un dedal o un zapato de tacón, encontrados en las fosas comunes, contextualizan estas historias y humanizan a las víctimas, transformando un simple nombre en una vida con un pasado. La exposición es un recordatorio esencial de la necesidad de no olvidar lo sucedido y de mantener viva la memoria de las víctimas.




