El Correllengua Agermanant: la llama de la lengua valenciana en movimiento

Este evento cultural y reivindicativo llega a València el 25 de abril, Día de las Libertades Nacionales Valencianas, con un fuerte simbolismo.

Imagen genérica de una llama simbólica pasando de mano en mano en un ambiente festivo callejero, representando la continuidad cultural y el espíritu comunitario.
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Imagen genérica de una llama simbólica pasando de mano en mano en un ambiente festivo callejero, representando la continuidad cultural y el espíritu comunitario.

El Correllengua Agermanant, una iniciativa que busca visibilizar y reivindicar la lengua valenciana, llega a València el 25 de abril, coincidiendo con el Día de las Libertades Nacionales Valencianas.

Cuando la lengua se pone en marcha, deja de ser un concepto abstracto para transformarse en una realidad viva y tangible. El Correllengua encarna este principio, llevando la lengua de los discursos a las calles y plazas, gracias a la participación de las personas que la hacen avanzar. Este gesto, aparentemente sencillo, posee una gran potencia política y cultural.
Este año, este movimiento adquiere una nueva dimensión con la celebración del primer Correllengua Agermanant. Esta iniciativa se fundamenta en décadas de trabajo de colectivos, asociaciones y personas que han mantenido viva la Llama pueblo a pueblo, a menudo sin apoyo institucional. El Correllengua Agermanant reconoce y dignifica este esfuerzo, proyectándolo hacia una escala más amplia y explícitamente política, con el fin de hermanar territorios unidos por la lengua y la cultura.
La Llama salió el 17 de abril del Canigó, en Prades, cargada de un profundo simbolismo. Este punto geográfico representa un origen cultural y un referente compartido que atraviesa fronteras. Desde allí, la Llama recorre el territorio como una línea de continuidad histórica, uniendo diversas realidades bajo una misma lengua. Cada paso de este recorrido es una afirmación política de persistencia y conexión a pesar de los intentos de fragmentación.
La llegada de la Llama a València el 25 de abril no es una casualidad festiva, sino una declaración de principios. Esta fecha simboliza la derrota militar y la pérdida de las instituciones propias, así como el inicio de un largo proceso de desposesión lingüística, cultural y política. Llevar la Llama a València ese día convierte la memoria en un presente activo, recordando que la lengua resistió en los hogares y en las calles, transmitida de generación en generación.
El Correllengua Agermanant pone en evidencia una verdad incómoda para el poder: la lengua no se mata solo dejándola morir, sino también invisibilizándola, ridiculizándola o subordinándola. En el País Valencià, se ha aplicado una política sistemática de deslegitimación de la lengua propia. El Correllengua responde a esta situación con una acción colectiva que no pide permiso para existir.
La fuerza del Correllengua reside en la participación consciente. La lengua se defiende usándola, ocupando espacios y generando comunidad. Cuando la Llama pasa de mano en mano, se transmite una responsabilidad compartida: la de no delegar la supervivencia de la lengua. Es un trabajo cotidiano y colectivo que el Correllengua hace visible de manera clara y directa.