Vecinos de la plaza de Honduras advierten de nuevas acciones legales por la ZAS

Los residentes de la zona de ocio de València exigen medidas más contundentes contra el ruido y el vandalismo, tras seis años de espera.

Imagen genérica de una calle vacía de noche en una ciudad mediterránea, con luces borrosas y fachadas de edificios.
IA

Imagen genérica de una calle vacía de noche en una ciudad mediterránea, con luces borrosas y fachadas de edificios.

Los vecinos de la plaza de Honduras de València, una zona con alta concentración de locales de ocio, están vigilantes ante la posible declaración de Zona Acústicamente Saturada (ZAS), advirtiendo que si las restricciones no son contundentes, volverán a los tribunales.

Tras seis años de espera para ser declarados zona saturada, los residentes de la plaza de Honduras y el Cedro, barrios limítrofes y epicentro de la fiesta universitaria, exigen una mayor contundencia en las medidas de control acústico. La zona registra un ratio de locales de ocio y restaurantes por cada mil habitantes similar al de Benidorm, con aproximadamente veinte establecimientos.

"Si piensan aplicar las mismas restricciones aquí, si se nos declara zona saturada, volveremos a los tribunales. Es muy tibia."

el presidente de la Asociación de Vecinos Plaza Honduras
La preocupación de los vecinos se intensifica con la próxima aprobación de la ZAS del barrio de Russafa, ya que temen que las medidas aplicadas sean insuficientes. Anteriormente, el Tribunal Supremo ratificó una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana que rechazaba declarar ZAS a Honduras y el Cedro, basándose en mediciones acústicas erróneas del anterior gobierno municipal.
Desde el mes de febrero, se están repitiendo las sonometrías con aparatos de medición repartidos por diferentes puntos del barrio, y no solo uno, como sucedió en la anterior medición. Actualmente, hay cinco sonómetros distribuidos por las plazas de Honduras, del Cedro y calles adyacentes, que cambiarán de localización cada 70 días durante el año que durarán las mediciones. Sin embargo, los vecinos expresan su preocupación por no haber recibido aún los resultados de estas nuevas mediciones.
Los residentes no quieren medias tintas en las restricciones acústicas ni de horarios. Consideran que reducir el horario de las discotecas o de las terrazas no es la solución definitiva al problema. Además del ruido, el agotamiento físico y mental de los vecinos se ve agravado por las peleas y el vandalismo que suelen acompañar la fiesta nocturna, con ataques a vehículos e incidentes como el sucedido el pasado 19 de abril.
Los habitantes del barrio están tan habituados a estas situaciones que ya no graban las reyertas, que se han convertido en su pan de cada día. Recurren a la policía, que siempre acude, pero consideran necesario un refuerzo disuasorio, especialmente con la llegada del buen tiempo, cuando los altercados suelen empeorar. Mientras tanto, esperan unos resultados acústicos que les devuelvan el tan anhelado descanso.