El equipo taronja ha vivido diez días intensos, enfrentándose a cinco encuentros de máxima dificultad, con un gran desgaste físico, lesiones y una presión competitiva constante. La respuesta ha sido contundente: victorias, una gran solidez en el juego y una mentalidad que no admite negociaciones.
La victoria en el Martín Carpena contra el Unicaja por 89-96 fue la confirmación de que este grupo no está dispuesto a perder aquello que tanto le ha costado construir. Fue la vigésima victoria en la Liga Endesa y una clara declaración de intenciones.
El contexto era desafiante, con dos duelos de Euroliga entre semana y bajas importantes, pero el Valencia Basket no solo resistió, sino que creció. Desde el inicio en Málaga, el equipo mostró energía y determinación, con Badio marcando el ritmo y Thompson dirigiendo con criterio. Montero fue clave, firmando 29 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias, con una valoración de 31.
Este Valencia Basket es una maquinaria colectiva. Badio apareció en los momentos calientes, Pradilla aportó equilibrio y energía, Reuvers castigó en la pintura en el tramo final y jugadores como Sako, Taylor o Key sostuvieron el entramado competitivo en ambos lados de la pista.
La clave estuvo en la segunda mitad, cuando el equipo recuperó la fluidez ofensiva y elevó el nivel defensivo, abriendo una brecha con un parcial de 2-11 en el tercer cuarto. En el último cuarto, ante la presión del Unicaja, el Valencia Basket demostró madurez competitiva, con un triple de Badio, la solidez de Reuvers desde el tiro libre y la decisión de Montero para cerrar el partido.
Esta semana perfecta, con tres victorias (dos de ellas en Euroliga), no es casualidad. Es la consecuencia de una cultura de esfuerzo, un compromiso colectivo y una ambición que va más allá de los resultados inmediatos. El Valencia Basket no solo gana, sino que se impone, resiste y protege con uñas y dientes aquello que tanto le ha costado alcanzar.




