Hace poco más de una semana que Gandia y el mundo de la cultura despidieron al poeta de Beniopa Josep Piera. Sin embargo, su figura sigue más viva que nunca. Su medio centenar de obras llenan las estanterías de las bibliotecas y son muchos los lectores que se acercan estos días a las librerías para adquirir algunos de sus libros. Además, sus lectores todavía podrán disfrutar de forma póstuma de un libro inédito sobre Garcerán de Borja y de su testimonio en una obra que aborda la represión franquista en la comarca.
Precisamente, la Casa de la Marquesa acoge este martes 14 de abril la presentación de Memòria de l'oblit. La repressió franquista a la Safor, de la fotoperiodista Eva Máñez, que da voz a 48 víctimas silenciadas del franquismo en la comarca.
“"Vivíamos con esta sensación continua de pecado. Aprendimos a callar. En mi casa se decía: 'Tú, niño, escucha, mira y calla'. Crecimos y nos convertimos en adolescentes."
Piera narró a lo largo del relato sus vivencias durante esos años, no solo como vecino, sino también como escritor. En el texto, el poeta recordaba en voz presente que en la Escola Pia "se mata y se fusila. Hay mucha gente encarcelada". "La represión es durísima", señalaba. Sin embargo, el Hijo Predilecto de Gandia mostraba a través de sus palabras, como ha hecho a lo largo de su vida, la esperanza. "Entre los perdedores de la guerra hay una esperanza de que los aliados intervengan y echen fuera a Franco. Eso no pasa, pero la represión afloja. Ya no fusilan, pero se mantiene un fascismo sociológico y una fuerte represión moral", explicaba.
En la obra, publicada por el Centre d'Estudis i Investigacions Alfons el Vell y con el apoyo de la concejalía de Patrimonio Histórico y Memoria Democrática de Gandia, el poeta también aborda los años 60, momento en el que "empezamos a hacer oposición al franquismo con la cultura", aunque "siempre con una policía secreta vigilando lo que se dice y qué no se dice". Pese a la represión, reconoce que "ya hay alguna librería en Gandia donde conseguir estos libros que antes se debían traer del extranjero".
Piera señalaba, por otra parte, que a su generación les había "tocado el miedo", que también se trasladaba al ámbito lingüístico. Como él mismo recogía, "no sabíamos hablar en público en valenciano porque el valenciano no servía para nada. Te borraban si hablabas nuestra lengua en público". Sin embargo, y por suerte, "todos hemos aprendido a hablar", especialmente los escritores. "Tú sabías hablar valenciano si en tu casa lo habían hablado, y, aun así, hablaban un valenciano popular, pero no lo sabías hablar culto".




