Entre las propuestas destacadas, se incluye Un poeta, una producción colombiana dirigida por Simón Mesa Soto. Este film es realmente inclasificable e inesperado, no solo por lo raro que es ver cine colombiano por estas tierras, sino también por su argumento, tono, estética y temática. La película retrata la historia de un poeta, el más lamentable y patético que se pueda imaginar, sirviendo al director para hacer un retrato implacable de la hipocresía del mundo cultural frente a ciertas realidades.
Un poeta comienza como una comedia negra y grotesca, pero, sin dejar de serlo, se vuelve trágica y desesperada, derivando hacia cuestiones de clase social descarnadas. Sin embargo, escapa de los clichés del costumbrismo o la 'pornomiseria', ofreciendo una mirada crítica a la representación de la desigualdad y planteando qué es la poesía y dónde encontrarla en medio del caos actual. Formalmente, el film es rugoso, áspero y feísta, rodado en súper 16mm para mantener la suciedad del encuadre y el grano grueso.
Otra de las grandes propuestas es Espejos nº 3, la película más reciente del reconocido director alemán Christian Petzold. Este film, de título misterioso, narra la historia de una mujer que, tras un accidente, decide quedarse a vivir con una desconocida, sin querer o saber cómo volver a su vida anterior. La obra explora temas recurrentes del autor, como los juegos de identidad, la convivencia entre extraños, la fragilidad de las relaciones y las consecuencias imprevisibles de los traumas.
La puesta en escena de Petzold, aparentemente convencional, crea atmósferas enrarecidas y sensaciones inquietantes de peligro en ambientes cotidianos, incluso cuando todo está rodado a plena luz. Esta extrañeza creciente y la inquietud que invade al espectador se relacionan con la capacidad de reconocer aspectos profundos de la propia existencia en las acciones y silencios de los personajes, ofreciendo un ejemplo de cine sencillo en apariencia, pero de gran complejidad psicológica.
Finalmente, desde Alemania también llega El sonido de la caída, el segundo largometraje de Mascha Schilinski. La directora construye su film sobre la idea de que los lugares tienen memoria y que las huellas de quienes nos precedieron nos llegan. La película sigue de manera no lineal y casi antinarrativa a cuatro niñas (Alma, Erika, Angelika y Lenka) que vivieron en el mismo lugar de Alemania en diferentes momentos, desde la Primera Guerra Mundial hasta hoy.
La curiosidad infantil, el descubrimiento del mundo (incluyendo la violencia y el dolor), el nacimiento del deseo sexual y el miedo o el placer, unen a estas jóvenes y entrelazan las secuencias por tono emocional o efectos sensoriales, más que por una lógica narrativa. La película anula la distancia temporal, haciendo que todo parezca ocurrir a la vez, y refleja otro aspecto que las une: el patriarcado y la violencia contra las mujeres. Es una concepción narrativa compleja y radical, con una puesta en escena fascinante, llena de cambios de textura, sonidos amenazadores y puntos de vista que invitan a la reflexión.




