Con la llegada de mayo, el níspero se convierte en el primer anuncio de la temporada de frutas de verano. Esta pequeña fruta anaranjada, con un sabor ligeramente ácido y semillas escurridizas, es esperada con devoción por muchos consumidores. Tras ella, pronto llegarán las cerezas, los albaricoques, las ciruelas, los melocotones y las nectarinas, consolidando el inicio de la gran campaña frutera.
“"Es un fruto delicado, que se cosecha y se embala a mano, y eso hace que su precio sea algo más caro para el consumidor."
Un portavoz del sector mayorista de frutas y hortalizas destaca que el níspero es un producto de nicho, con un consumo doméstico moderado, pero con una gran demanda para la exportación a países como Italia, Grecia, Suiza y Alemania. Su delicadeza en la cosecha y el envasado manual, para evitar cualquier deterioro, contribuye a un precio final más elevado.
Antiguamente, era común encontrar uno o dos árboles de nísperos en los huertos, precisamente por ser una de las primeras frutas en madurar y por su resistencia a plagas. Además del consumo doméstico, el árbol servía para polinizar otras variedades, atrayendo abejas y otros insectos beneficiosos.
Originario de China y Japón, su facilidad para germinar y mutar ha permitido la aparición de variedades adaptables a diversos entornos, facilitando su expansión global. En España, la principal zona productora se encuentra en la Comunidad Valenciana, donde localidades como Callosa d'en Sarrià han conseguido una Denominación de Origen. Los primeros frutos de Alicante ya han llegado a los mercados.
Rico en agua, fibra, potasio y vitamina A, esta fruta se ha utilizado tradicionalmente como diurético y antidiarreico. También es un complemento indicado en dietas de adelgazamiento por su bajo contenido calórico y escasa aportación de proteínas e hidratos de carbono.




