El Circo del Sol, que ha presentado su espectáculo 'Alegría: Una nueva luz' en València hasta el 28 de junio, depende de una compleja infraestructura culinaria para alimentar a sus artistas y técnicos. Mia Messier, manager de cocina con 22 años de experiencia, es la encargada de satisfacer las necesidades nutricionales de las 200 personas que conforman este espectáculo internacional.
El comedor, que funciona como punto de encuentro social, se compone de cinco camiones unidos. Cada día se diseñan seis platos diferentes y equilibrados, combinando proteínas, carbohidratos y verduras, con platos fijos como sopa, arroz blanco y verduras para preparar ensaladas o sándwiches. La creatividad de los cocineros es clave, adaptando los menús a la disponibilidad de productos locales de cada país y estación, aprovechando la excelencia de la fruta y verdura valenciana.
El equipo de cocina, formado por tres chefs fijos y diez cocineros contratados localmente, trabaja bajo la dirección de Messier. Se tienen en cuenta las necesidades específicas de los artistas, incluyendo alergias e intolerancias. Además, se celebran fiestas nacionales con menús temáticos y se mantiene la tradición del 'Spaghetti dinner' el último día de cada espectáculo.
Ghislain Ramage, artista del circo con 16 años de experiencia, destaca la importancia de la cocina como el "corazón del circo", proporcionando la energía física y mental necesaria para las actuaciones. La cocina no solo alimenta, sino que también fomenta la socialización entre todo el personal, desde los artistas hasta los técnicos.
La cocina debe estar operativa desde el primer día que el circo se instala en una ciudad, siendo una de las primeras estructuras en montarse. Mientras el público admira los números aéreos, quienes viven dentro del circo reconocen que el verdadero centro de gravedad se encuentra en este espacio común donde se reúnen casi 200 personas de 27 países diferentes.




