Clásicos como La Cenicienta, Los tres cerditos, La Bella Durmiente, Rapunzel, Alicia en el País de las Maravillas o Frankenstein, a pesar de sus transformaciones a lo largo de la historia, siguen siendo fundamentales en la cultura. La industria cultural utiliza adaptaciones televisivas, obras de teatro y la infantilización para mantener estas historias vivas y generar ingresos. Alicia en el País de las Maravillas es un claro ejemplo de cómo una obra puede sobrevivir y evolucionar en un contexto cultural en constante cambio.
Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas, era más que un escritor; era un mecenas del arte y un matemático experto. Sus migrañas y la micropsia, también conocida como "Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas", influyeron en la creación de una obra donde, aparentemente, nada tiene sentido, pero todo concuerda. La popularidad de Alicia se disparó cuando Walt Disney la adaptó a la gran pantalla en 1951. Kate Bailey, conservadora sénior del Victoria and Albert Museum de Londres, destacó que mucha gente conoce a Alicia por primera vez a través de esta película, tal como comentó en la presentación de la exposición Los mundos de Alicia en CaixaForum València.
“"Cuando preguntamos a la gente cuál es la primera vez que escucha hablar de Alicia, coinciden en que es por la película de 1951."
La exageración victoriana, el mensaje filosófico y los paralelismos han contribuido a la vigencia de Alicia. Su popularidad está ligada a la evolución de la obra y a las ideas filosóficas que presenta. Álvaro Borrás, director del CaixaForum de València, afirma que "es un referente generacional y transgeneracional". Desde la película animada de Disney hasta la versión de Tim Burton, Alicia ha cambiado, pasando de ser una niña de 9 años a una adolescente que afronta las responsabilidades y miedos de la madurez.
Otro caso es Frankenstein de Mary Shelley, una obra aclamada y criticada a partes iguales. La historia de un médico que crea vida a partir de partes de cadáveres y luego abandona su creación por su apariencia monstruosa, provocando una tragedia. La crítica a la obra aumentó por su "soberbia científica", cuestionando la capacidad humana de crear vida. La versión de Guillermo Del Toro en 2025 presenta al monstruo como una criatura sensible que busca comprensión, alejándose de la malicia original y explorando la compleja relación con su creador.
Con el paso de los años, la literatura continúa adaptándose para captar nuevos lectores, demostrando su capacidad de reinventarse y mantenerse relevante en el tiempo.




