Estos programas, iniciados en 1994, permiten a los niños alejarse temporalmente de las consecuencias de la zona contaminada y, más recientemente, del impacto de la guerra. Las estancias se realizan durante los periodos de vacaciones de verano y Navidad, proporcionando un ambiente seguro y de apoyo.
“"Ser una niña afectada por Chernóbil no significaba nada en la vida real, no te veías extraña porque todas éramos más o menos iguales."
Una de las personas acogidas, que llegó a Valencia con nueve años, recuerda que la situación en su zona de origen no se percibía como excepcional. Su familia de acogida observó un cambio significativo en ella, ya que aquí recibió la protección y la ayuda que necesitaba.
Según la presidenta de la asociación Juntos por la Vida, Clara Arnal, los programas se centran en una zona de Chernóbil muy vulnerable, con graves problemas sociales y económicos derivados de la catástrofe nuclear. La precariedad y las familias desestructuradas son una realidad. Además, los menores que han podido salir varias veces de la zona contaminada presentan un menor riesgo de sufrir enfermedades asociadas a la radiación.
Tras la invasión rusa de Ucrania hace más de tres años, el conflicto ha afectado directamente la región, volviendo a poner algunas zonas cercanas a Chernóbil en el foco por la presencia militar y la inestabilidad. Esta situación ha generado nuevas necesidades de acogida, y se espera que más niños puedan llegar a Valencia en los próximos meses para continuar sus estudios.
“"Nosotros tenemos la mentalidad de no vivir a largo plazo ni planificar nada."
La guerra también ha provocado situaciones complejas en la zona de Chernóbil, con ocupaciones de casas abandonadas desde hace décadas, algunas en espacios con riesgo de contaminación radioactiva. Paradójicamente, la ausencia humana durante décadas ha permitido la regeneración de la naturaleza en una zona marcada por una de las peores catástrofes nucleares de la historia.




