La Fe en Valencia: Menos Practicantes, Más Desafíos

La sociedad valenciana vive una secularización constante desde 1982, con menos católicos practicantes y nuevos desafíos para la Iglesia.

Imagen genérica de una iglesia valenciana con rayos de sol a través de vidrieras.
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Imagen genérica de una iglesia valenciana con rayos de sol a través de vidrieras.

La Comunitat Valenciana experimenta una secularización marcada desde 1982, con un descenso significativo de católicos practicantes, mientras la Iglesia afronta desafíos como los abusos, la polarización política y la gestión del valenciano en la liturgia.

Desde la visita de Juan Pablo II a Valencia en 1982, cuando el 90,2 % de la población se declaraba católica, la sociedad valenciana ha sufrido un proceso de secularización constante. Actualmente, solo el 58,6 % se identifica como católico, y de estos, tan solo el 18,6 % practica la fe regularmente. Este cambio demográfico y espiritual se refleja en un panorama donde la Iglesia afronta nuevos desafíos.
Entre los desafíos más destacados para el arzobispado se encuentran la gestión del doloroso escándalo de los abusos a menores, la relación con un ecosistema político polarizado marcado por el auge de la extrema derecha, y la cuestión del uso del valenciano en la liturgia. Mientras tanto, la cúpula eclesiástica trabaja en un nuevo plan pastoral, al tiempo que se detecta un auge de grupos de convivencia evangelizadora y una creciente espiritualidad laica.
Paradójicamente, la salud económica de la Iglesia valenciana parece mejor que su vitalidad pastoral. Los valencianos marcan la casilla de la X en el IRPF para destinar fondos a la Iglesia por encima de la media estatal. En 2024, se registraron 782.000 declaraciones, un 4,2 % más que el año anterior, evidenciando una sostenibilidad financiera que contrasta con el descenso de fieles.
La sociedad española y valenciana han cambiado drásticamente desde 1982. Si entonces el 98,3 % de los matrimonios se casaban por la Iglesia y el 58 % tenía un crucifijo en el cabecero de la cama, hoy la realidad es bien diferente. El papa León XIV, en su reciente visita a España, se ha encontrado una sociedad mucho más secularizada, donde la Iglesia compite con el agnosticismo, el ateísmo y un creciente pluralismo religioso, incluyendo el islam, el cristianismo ortodoxo, los adventistas, testigos de Jehová, evangélicos y budistas.
El Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC) revela que solo un 18,6 % de los valencianos son católicos practicantes, mientras que un 40 % se declara católico no practicante. Un 11,1 % es agnóstico y un 13,3 %, ateo. El 3,6 % cree en otras confesiones. En total, un 49 % se considera creyente religioso, mayoritariamente católico.
La pluralidad religiosa se hace patente en el censo de lugares de culto no católicos en la Comunitat Valenciana, que en septiembre de 2023 sumaba 895 locales, 151 más que diez años antes. De estos, 4.359 son evangélicos, 1.749 musulmanes y 633 de testigos de Jehová, entre otros.
A pesar de la secularización, surgen indicios de resurgimiento de la fe y de una espiritualidad laica. Experiencias como los retiros Emaús, Effetá y los grupos Alpha buscan la 'evangelización' tocando corazones, no buscando adeptos. El decano de la Facultad de Teología de Valencia, Santiago Pons, señala que los jóvenes buscan respuestas a las grandes preguntas, y el arzobispo Enrique Benavent habla de un 'renacer de una inquietud espiritual'.
Movimientos como el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal o los Legionarios de Cristo, que crecieron con la 'nueva evangelización', han perdido impulso. El Opus Dei cuenta con unos 95.000 adeptos, de los cuales 2.300 son sacerdotes, con una delegación fuerte en Valencia. Los 'kikos' registran 20.300 comunidades globales, y los Legionarios de Cristo, 1.327 miembros.
El arzobispo Benavent impulsa un nuevo plan pastoral participativo, buscando adaptarse a una 'cultura pastoral' que reconozca el cambio social. Se critica el peligro de ideologizar la fe y de casarse con partidos políticos, defendiendo los principios de dignidad humana, paz y libertad, sin avalar discursos contra los migrantes.
El escándalo de los abusos a menores sigue siendo una 'asignatura pendiente'. La Iglesia valenciana ha implementado protocolos preventivos y la Oficina de Protección del Menor (OPM) ha gestionado pocos casos 'protocolizados', aunque el Defensor del Pueblo estima más casos reales. También se ha abordado el escándalo de las 'terapias de conversión', que llevó a la suspensión de actividad del COF Mater Misericorde.
La cuestión del misal en valenciano sigue pendiente, a pesar de los esfuerzos históricos y la voluntad del arzobispo Benavent. La polémica política en torno a la lengua dificulta la creación de un texto litúrgico oficial. Mientras tanto, la publicación de escritos pastorales y evangélicos en valenciano ha generado críticas por parte de sectores como la RACV y Vox.
Económicamente, la Iglesia valenciana muestra una buena salud. En 2024, declaró casi 64 millones de ingresos, un 30,5 % más en cinco años. Las principales fuentes son las aportaciones de los fieles (32,36 millones) y la asignación del IRPF (16,68 millones). Los valencianos destinan fondos a la Iglesia a través del IRPF por encima de la media, con 782.000 declaraciones en 2024.