En medio de la tensión urbana y los problemas de transporte público en la ciudad de València, la artista mexicana Tania Candiani presenta una propuesta que va a contracorriente: una invitación al silencio. Su nueva exposición, Radix, que se abre al público en el IVAM, busca que los visitantes se tomen una pausa para sintonizar con una instalación que transforma el museo en una especie de bosque subterráneo.
“"No hay otra manera de poner atención que hacer una pausa."
La muestra, presentada por la artista junto con la secretaria autonómica de Cultura y la directora del IVAM, es una fabulación ecológica habitada por seres que navegan entre lo animal, vegetal, mineral y fúngico. La instalación, concebida como un ecosistema, desplaza la mirada hacia las profundidades de la historia, la cultura y las memorias del subsuelo, ofreciendo una experiencia única.
La exposición requiere tiempo y una adaptación visual, ya que la sala se presenta con apenas luz, creando un cuarto oscuro donde la vegetación densa y las esculturas de vidrio soplado son los pocos puntos de luz. Esta oscuridad permite que, una vez los ojos se adaptan, se pueda ver lo que era invisible, como una metáfora de las raíces que han existido antes que los humanos.
“"Cuando los ojos se adaptan a la oscuridad empiezan a ver lo que era invisible, es como la metáfora de las raíces que han estado ahí antes que los humanos y seguirán estando cuando nos hayamos exterminado como raza."
En el centro de la sala, un rizotrón permite observar el crecimiento real de las raíces, el corazón palpitante de este espacio. La propuesta se complementa con dos proyecciones audiovisuales y una composición sonora que envuelve el ambiente. Cada pieza de este puzle invita al espectador a formar parte del ecosistema, planteando una reflexión entre el arte, la ciencia y la artesanía, y la creatividad presente en los procesos científicos.
Esta obra es una invitación a habitar el mundo de una manera más empática y consciente de las fuerzas invisibles que sostienen la vida. La conexión con el ámbito local se manifiesta en la gran planta imaginada que ocupa la galería 3, inspirada en un corte transversal de una estructura vegetal que la artista encontró en un libro del Jardín Botánico de València. El recorrido se inicia con una antesala de archivo que combina láminas históricas de la Universitat de València con ilustraciones especulativas de la propia artista.