El Gobierno vasco ha solicitado, como ya hizo en 1997 y 2007, la cesión del Guernica para una gran muestra en el Guggenheim de Bilbao en 2027. El objetivo es conmemorar el 90 aniversario del bombardeo sobre el municipio vasco, uniendo memoria histórica y arte. Sin embargo, el Ministerio de Cultura ha rechazado la petición, basándose en la opinión de los conservadores del Reina Sofía y otros expertos, que desaconsejan el traslado por posibles daños a la obra.
“"Me parece que es cateto. La cultura es universal."
La discusión tomó un nuevo cariz a raíz de las declaraciones de una presidenta autonómica, que calificó de "cateto" el deseo de tener arte propio, argumentando que "la cultura es universal". Estas palabras han sido interpretadas como un argumento para reclamar que obras de arte tan simbólicas como el Guernica puedan exhibirse en otros territorios, siempre que su estado de conservación lo permita.
El debate se extiende a otros casos, como el de València con el Centenar de la Ploma, que aspira a regresar desde el Victoria&Albert de Londres, o el de Elche con su Dama, ubicada en el Museo Arqueológico de Madrid (MAN). La cuestión es si estos territorios son "menos universales" por desear que el arte que define su historia pueda verse también entre sus confines.
La postura de que el arte es universal, según algunos, puede esconder una arrogancia por parte de los centros de poder, que se reservan la decisión de quién es merecedor del arte. En un momento en que las geografías alejadas de los principales centros de poder buscan cohesión social a través de sus símbolos, la relación directa con los grandes iconos artísticos se vuelve crucial para visualizar su peso histórico y mantener un carácter propio frente a la homogeneización.
La historia de la gestión del arte es viva y producto de la diplomacia y la negociación. Cuando València intentó recuperar el Centenar de la Ploma, logró que en 2020 la predela de la obra llegara al Museo de Bellas Artes para ser restaurada, antes de regresar a Londres. Este tipo de movimientos demuestran que la cultura es un campo de tensión y negociación constante.




