Edurne Herrán organiza un SWAP-vermú en Valencia para promover la moda sostenible

El evento, parte del proyecto '2222 Space is the place', busca fomentar el intercambio de ropa y la conciencia ambiental.

Imagen genérica de intercambio de ropa, con prendas de vestir de colores sobre una mesa de madera.
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Imagen genérica de intercambio de ropa, con prendas de vestir de colores sobre una mesa de madera.

La creadora Edurne Herrán regresa a Valencia para organizar un SWAP-vermú, un evento de intercambio de ropa que tendrá lugar el sábado 18 de abril en Fantastik Lab, con el objetivo de promover la sostenibilidad y el consumo consciente.

Esta iniciativa se enmarca dentro de su proyecto 2222 Space is the place, desarrollado gracias a una beca de movilidad del Goethe Institut y Europa Creativa. El SWAP-vermú, que ya se celebró con éxito el año pasado, ofrece un espacio donde la ropa adquiere una segunda vida, transformándose de residuo en una nueva oportunidad para otras personas.
El evento, que se llevará a cabo de 11:30 a 13:30 horas, se presenta como un pequeño acto de desobediencia ante la lógica de "usar y tirar" que impera en la sociedad actual. Herrán subraya la urgencia de encontrar nuevas formas de vestir y de relacionarnos con la moda, más allá del consumismo desenfrenado.

"Vivimos rodeados de ropa. Demasiada. Muchísima más de la que podemos usar, necesitar o incluso imaginar. Cada año se producen en el mundo alrededor de 100.000 millones de prendas. De ellas, una parte enorme nace ya con fecha de caducidad: se usan apenas unas pocas veces y después desaparecen. El resultado es devastador: 92 millones de toneladas de residuos textiles al año, el equivalente a un camión de basura lleno de ropa que se quema o se entierra cada segundo. La mayoría no se recicla. De hecho, solo un 1% de la ropa vuelve a convertirse en prendas textiles. El resto acaba en vertederos o incineradoras, como residuo, y no desaparece."

Edurne Herrán · Creadora del proyecto '2222 Space is the place'
La industria textil es una de las más contaminantes, consumiendo 93.000 millones de metros cúbicos de agua anualmente y generando cerca del 10% de las emisiones globales de CO₂. Además, es responsable de aproximadamente el 20% de las aguas residuales del planeta, y cada lavado libera microplásticos que acaban en los océanos.
Ante esta realidad de sobreproducción, el SWAP se configura como una práctica no solo sostenible, sino también como una forma de resistencia colectiva. Es un gesto que rompe con la lógica de compra constante, fomentando la circulación, el cuidado y la elección consciente de las prendas de vestir, sin transacciones económicas ni la presión de las tendencias.