La Comunitat Valenciana alberga una gran cantidad de monumentos en sus municipios, un conjunto arquitectónico que adquiere especial relevancia en el Día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos, que se celebra cada 18 de abril. Más allá de las tres grandes muestras de patrimonio material reconocidas por la Unesco —la Lonja de la Seda de València, el arte rupestre del arco mediterráneo de la península Ibérica y el Palmeral de Elche—, la región posee una extensa y variada riqueza patrimonial. Este año, la jornada destaca "el patrimonio vivo y la respuesta a la emergencia", y por ello se recomiendan diez monumentos que vale la pena visitar.
Entre los monumentos destacados se encuentra el santuario de la Mare de Déu de la Balma, a tres kilómetros de Sorita, en la comarca de Els Ports. Este singular edificio religioso está enclavado en la roca, con obras documentadas desde mediados del siglo XVI. También se incluye la Torre Badum de Peñíscola, en la sierra de Irta, un ejemplo representativo de las torres de vigilancia de la costa valenciana, que servían para alertar de los ataques piratas. En su fachada se puede observar el escudo del Reino de València con el águila bicéfala de los Austrias.
El castillo de Vilafamés, en la Plana Alta, es una fortificación con cimientos musulmanes y modificaciones de diversas épocas, que ofrece vistas impresionantes desde casi 400 metros de altura. Para los amantes de las artes escénicas, el Teatro romano de Sagunto, en el Camp de Morvedre, es el monumento más antiguo de la lista, datado del siglo I. Este espacio, que acoge un festival cada verano, fue objeto de una reforma en los años noventa que le dio su aspecto actual.
Frente a la Lonja de la Seda de València, el Mercado Central de València es otra edificación que perfectamente podría tener la catalogación de patrimonio material de la Unesco. Proyectado en 1914 por Alexandre Soler i March y Francesc Guàrdia i Vial, y terminado en 1928, combina la tradición constructiva catalana con la arquitectura del hierro y el acero. El monasterio de Santa María de Simat, en la Safor, es una joya del patrimonio gótico valenciano, fundado en 1298 por Jaume II. Después de años de abandono, la Generalitat lo adquirió en 1991 para iniciar su recuperación.
El Riurau de Benissadeví o del Senyoret en Jesús Pobre, al pie del Montgó, es un testimonio de la economía de la pasa en comarcas como la Marina Alta. Estas edificaciones de piedra con arcos abiertos protegen la uva moscatel de las inclemencias del tiempo. En Alicante, la Casa Carbonell, diseñada por Juan Vidal i Ramos y terminada en 1924, es un elemento destacado de la fachada marítima con elementos del modernismo valenciano. Finalmente, el santuario de María Magdalena de Novelda, en el Vinalopó Mitjà, es un ejemplo del modernismo catalán trazado por el ingeniero Josep Sala i Sala, conocido como "la pequeña Sagrada Familia".
La edición de este año del Día Internacional de los Monumentos se dedica al "patrimonio vivo", incluyendo la etnografía y los museos que reivindican los rasgos más identificativos de la cultura valenciana. Entre estos, se encuentran museos dedicados a la gastronomía, como el del arroz de València o el del turrón de Jijona; a los oficios, como el de la piedra en seco de Vilafranca; o a las fiestas, como el museo festero de Alcoy o el de las Fallas de València, además de numerosos museos etnográficos que explican la historia y la identidad de los valencianos.




