Europa ha impulsado durante décadas una política de inversión para equilibrar oportunidades, independientemente del lugar de nacimiento. La Política de Cohesión y los programas de Cooperación Territorial Europea (Interreg) han financiado infraestructuras, innovación y servicios sociales en numerosas ciudades y regiones. Sin embargo, surge la pregunta recurrente: ¿estamos utilizando bien estos recursos? La clave ya no es solo la cantidad o la ejecución, sino si los fondos abordan los problemas correctos y se integran en estrategias territoriales duraderas.
El próximo ciclo presupuestario 2028-2034 se perfila en un contexto de presiones contradictorias, con demandas crecientes en seguridad y defensa, y debates sobre la propia lógica de la Política de Cohesión. En este escenario, su continuidad y enfoque territorial no están garantizados. Aquí entra en juego la evidencia territorial, proporcionada por la Red Europea de Observación para el Desarrollo Territorial y la Cohesión (ESPON), que conecta la investigación con las políticas públicas para decisiones basadas en datos empíricos. El proyecto URDICO, por ejemplo, analiza cómo se materializa la dimensión urbana de la cohesión en ciudades como Valencia.
La Política de Cohesión va más allá de los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos (FEIE). Implica una arquitectura de gobernanza compartida entre la UE, los estados, las regiones y las ciudades. Interreg complementa este marco fomentando la cooperación transfronteriza, mientras que ESPON aporta la inteligencia territorial para entender desigualdades y modelos de gobernanza. Mientras los FEIE ofrecen financiación e Interreg cooperación práctica, ESPON ayuda a formular las preguntas correctas sobre vulnerabilidades territoriales y el impacto real de las políticas.
URDICO examina cómo ocho ciudades europeas, incluida Valencia, utilizan fondos europeos e interactúan con autoridades regionales y nacionales. El valor del proyecto reside en analizar la gobernanza: quién decide, quién ejecuta y cómo se coordinan las administraciones. Se constata que los fondos europeos funcionan mejor cuando las ciudades son actores activos, conectando prioridades europeas con estrategias locales. La transición verde, la digitalización o la movilidad se ejecutan en barrios y áreas metropolitanas concretas.
La participación en el proyecto URDICO en Valencia ha confirmado que el problema de los fondos europeos no es solo obtenerlos, sino conectarlos con capacidades administrativas, estrategias urbanas y responsabilidades claras. Pasar de una prioridad europea a un proyecto real requiere equipos técnicos, coordinación institucional y seguridad jurídica. Por tanto, la cohesión no debe reducirse a la absorción financiera; una política puede gastar mucho y transformar poco si los proyectos no responden a una estrategia clara.
Para el ciclo 2028-2034, hay un consenso sobre la necesidad de simplificar normas y reducir cargas administrativas. Sin embargo, simplificar no debe significar recentralizar. Una Política de Cohesión más sencilla pero alejada de ciudades y regiones podría perder su capacidad de adaptación. La clave es quién conoce el territorio, quién integra las inversiones en una estrategia coherente y quién responde de sus efectos.
La evidencia territorial, a través de ESPON, permite comparar modelos e identificar soluciones. Interreg facilita probar y transferir aprendizajes. El FEDER y el FSE convierten estas lecciones en inversiones. El reto es conectar estas piezas y cambiar la forma de medir el éxito: no solo por ejecución financiera, sino por refuerzo de capacidades institucionales, mejora de la coordinación y generación de cambios sostenibles. Lo que distingue el gasto de la inversión es la contribución a una ciudad más cohesionada e inclusiva.
Europa dispone de diagnósticos, pero necesita reforzar la conexión entre evidencia, financiación e implementación. En un contexto de transiciones profundas y negociación presupuestaria, esta conexión es crucial para que la cohesión sea más que una palabra. La política territorial del futuro requerirá mejores decisiones y capacidades, basadas en el conocimiento territorial como punto de partida para pasar de los mapas a la acción.




