El gobierno municipal de Alcoy ha expresado su malestar por la paralización de la reforma del Teatro Principal, tras el recorte de la Generalitat Valenciana. De los 450.000 euros comprometidos inicialmente en la etapa anterior del Consell, la partida ha quedado reducida a 250.000 euros en el borrador presupuestario de 2025, una cifra que el Ayuntamiento considera insuficiente para ejecutar las obras necesarias.
La problemática no es solo económica. Según han explicado representantes municipales, la Generalitat pretende gestionar el dinero en forma de subvención, obligando a licitar, ejecutar y justificar las obras antes del 15 de noviembre. Con unos presupuestos autonómicos aún sin aprobar y con los plazos administrativos habituales, esta condición convierte el proyecto en prácticamente imposible.
“"El gobierno local está "cabreado y ofendido"."
La situación es especialmente grave porque el Teatro Principal acumula ya más de ocho años sin programación estable. Desde marzo de 2018, el espacio solo ha acogido actividades puntuales y representaciones concretas, como el Betlem de Tirisiti y algunas funciones de la Mostra de Teatre. El cierre se justificó inicialmente por la necesidad de adaptar la gestión del teatro a la nueva legislación y aprovechar el periodo para realizar reformas imprescindibles como la climatización, accesibilidad, seguridad y telón cortafuegos.
Esta situación es particularmente dolorosa en Alcoy, una ciudad que ha sido históricamente una de las capitales teatrales de la Comunidad Valenciana. Actualmente, Alcoy solo dispone del Teatro Calderón como gran espacio escénico estable, cuya remodelación integral, impulsada también por la Generalitat Valenciana años atrás, permitió recuperar un espacio emblemático y convertirlo en un referente de la programación teatral valenciana.
“"Un pueblo sin teatro es un pueblo sin espejos."
El recorte al Principal simboliza una política cultural cada vez más residual, según el sector. Muchos profesionales de la cultura valenciana han alertado en los últimos años sobre la reducción de recursos destinados a la cultura, mientras los presupuestos autonómicos relegan progresivamente las inversiones culturales. La cultura, afirman, se defiende con dinero, programación, infraestructuras y voluntad política, no con discursos vacíos.




