La jornada festiva en l'Alcora comenzó a las 09:00 h con la salida de la comitiva oficial desde la plaza de la Iglesia. La romería estuvo encabezada por la dolçaina y el tabal, y presidida por el clero, las autoridades locales, la reina y damas de las fiestas, junto con la Colla Gegantera, la banda de música y los numerosos romeros.
Tras la llegada a la ermita de San Vicente, declarada Bien de Relevancia Local, se ofició la misa, seguida de un tradicional almuerzo campestre. En las mesas no faltaron productos típicos como la tortilla de habas o de ajos tiernos y la panà de San Vicente, una coca cubierta con huevo duro, magro, piñones y longaniza.
Después del almuerzo, la música tomó el relevo con el concierto de la Agrupación Musical l'Alcalatén en el mismo paraje de la ermita, poniendo el broche de oro a la estancia en la montaña. Uno de los momentos más singulares fue la celebración de la Mocadorà, una tradición que revive la antigua costumbre en la que los novios regalaban a sus amadas un pañuelo lleno de dulces a la salida de la misa.
Esta tradición, que dejó de realizarse en los años 50, fue recuperada con éxito en el año 2002 por la Coordinadora de Asociaciones Culturales de l'Alcalatén y los barrios de l'Alcora. En este 25 aniversario, el pañuelo que envuelve las peladillas, turrones y mazapanes, luce el diseño de la alcorina Mª Pilar Avilés Cabedo, ganadora del certamen de 2026, quien ha integrado elementos patrimoniales como el ermitorio, los gigantes antiguos y la cerámica de la Real Fábrica.
El programa también incluyó un parque de juegos infantiles para los más pequeños. A las 13:00 h se inició la bajada de la romería hacia el casco urbano, y por la tarde la celebración continuó con actividades organizadas por el Barrio de la Sangre.




