La tarde estuvo marcada por el arte de Morante de la Puebla, quien consiguió una oreja de cada uno de sus dos toros, ejemplares de un extraordinario encierro de Santiago Domecq. Sin embargo, el diestro abandonó la plaza a pie, mientras que el palco presidencial concedió dos trofeos a Alejandro Talavante, pese a una faena considerada por muchos como 'a medio gas' al toro más completo de la corrida.
El encomiable encierro de Santiago Domecq presentó animales serios, nobles y exigentes, con gran fondo de bravura y casta. En este contexto, la decisión de la presidencia de repartir trofeos generó dudas por su 'doble rasero'.
Morante, que abría cartel, estableció desde el principio un alto nivel artístico. Con su primer toro, Madrugador, asumió el reto sin especular, mostrando un toreo de gran calado desde los lances de tanteo. Su propuesta, basada en el mando y la caricia, fue pura torería.
Tras una intensa pelea en varas, donde destacó el picador Germán González, Morante firmó un quite por chicuelinas luminosas. En banderillas, sobresalió un par de José María Amores y un capotazo de Fernando del Toro.
La faena de muleta de Morante a Madrugador fue encajada, seria y muy torera. Comenzó con toreo ayudado, apretado y barroco, dejando una trincherilla calificada de 'faraónica'. El toro embistió con seriedad, y el diestro, vestido de azul Alicante y oro, apostó por el toreo en redondo, llevando siempre sometida la embestida. Pese a una colada por el izquierdo, remató una labor de alto nivel con una estocada seca y seria, ganándose una oreja de peso.
Con su segundo toro, Duermevela, Morante volvió a cautivar al público. Inició el saludo con delantales muy ajustados. La faena de muleta fue muy personal, ligando muletazos con gran encaje y temple, especialmente por la derecha. Se descalzó para sentir mejor la embestida. El toreo brotó vertical, lento y con gran empaque, con naturales muy delicados y largos. Las manoletinas finales cerraron una actuación que confirmó su momento artístico. Un pinchazo previo a una estocada letal limitó el premio a una sola oreja, dejando la puerta grande en el aire.
La corrida de Santiago Domecq resultó notable, bien presentada y con animales serios. La mayoría de los asistentes, unos 9.000, guardaron un minuto de silencio en memoria del matador alicantino Manolo Carrillo.
La concesión de dos orejas a Alejandro Talavante con el quinto toro, Revolucionario, fue vista por muchos como una estridencia. Pese a que el toro mostró un gran fondo, la faena de Talavante, que incluyó un espectacular inicio de rodillas, fue considerada por parte del público como 'a medio gas', buscando el arrimón en lugar de explotar el potencial del toro. La ejecución de la estocada fue deficiente, obligando a usar el descabello.
La presidencia tampoco concedió la vuelta al ruedo a Revolucionario, pese a su bravura, un hecho que fue criticado por parte de la afición. Las dos orejas a Talavante fueron interpretadas por numerosos asistentes como un flaco favor al prestigio de la plaza de Alicante.
Juan Ortega cerró la terna con un lote de buen fondo, pero no logró redondear sus faenas. Tras unas verónicas apretadas con su primer toro, la labor con la muleta se desdibujó por varios enganchones. Con el sexto, aportó temple y posibilidades, pero sus ideas se diluyeron. Lo más destacado de Ortega fue su pureza en la suerte suprema, matando bien al sexto al segundo intento, lo que le valió una oreja.
En el capítulo de cuadrillas, sobresalió Javier Ambel, que se desmonteró tras parear al quinto toro, siendo el único torero de plata que ha saludado una ovación en banderillas en lo que va de feria.
Más allá de los trofeos y las polémicas, la quinta del abono de la Feria de Hogueras de Alicante puso de manifiesto el potencial del ganado de Santiago Domecq y confirmó el momento artístico de Morante de la Puebla, cuya tarde quedó por encima del reparto final de orejas.




