La cirugía ortognática es una técnica quirúrgica que corrige la posición inadecuada de los huesos maxilares. Tal como explica el Dr. Javier Mareque, especialista en cirugía maxilofacial de Clínica Corachan, esta intervención “se prescribe cuando la ortodoncia no es capaz de corregir la mala mordida exclusivamente con sus técnicas y es necesario mover las bases óseas para lograr un buen encaje”. También -añade- “hay pacientes que se someten a esta cirugía para tratar la apnea del sueño, puesto que, mediante la movilización de los maxilares se aumenta el calibre de la vía aérea, lo que ayuda a reducir ronquidos y apneas”.
Un tercer motivo para realizar la cirugía ortognàtica “es la afectación de la articulación temporomandibular, dañada tras años de mala mordida”, detalla el Dr. Mareque. El especialista de Clínica Corachan añade todavía que “la estética es otra de las razones por las que algunos pacientes con una correcta oclusión recurren a esta cirugía, por motivos estéticos, para modificar la proyección facial o rejuvenecer”.
La cirugía ortognática es un procedimiento que realiza la especialidad de cirugía oral y maxilofacial, con la colaboración de un odontólogo especialista en ortodoncia. Hasta un 30 % de la población presenta algún tipo de maloclusión susceptible de tratamiento quirúrgico, pero la intervención solo está indicada cuando hay síntomas, apnea del sueño o una motivación estética clara. En algunos casos, predominará esta última motivación estética y, en otros, es principalmente funcional, como en la apnea o en la patología de la articulación temporomandibular.
Según explica el Dr. Josep Rubio, otro de los especialistas en cirugía maxilofacial de Clínica Corachan, “en nuestro entorno, la intervención ortognática más frecuente se realiza para corregir el mentón retraído -casos denominados ‘de clase II con retrognatia’-, una mala oclusión y, en muchos casos, problemas de ronquido y apnea.
La mayoría de estos problemas o malformaciones -precisa el Dr. Rubio- “tienen un origen genético y es frecuente encontrar varios casos en una misma familia, con mandíbulas pequeñas”. Además de los congénitos, existen los que se deben a un desarrollo inadecuado durante el crecimiento y un tercer grupo aparece por desgaste a lo largo de la vida.
La mayoría de estos problemas o malformaciones -precisa el Dr. Rubio- “tienen un origen genético y es frecuente encontrar varios casos en una misma familia, con mandíbulas pequeñas”. Además de los congénitos, existen los que se deben a un desarrollo inadecuado durante el crecimiento y un tercer grupo aparece por desgaste a lo largo de la vida.
La intervención, bajo anestesia general, dura entre una y dos horas, dependiendo de si se movilizan ambos maxilares (lo que ocurre en el 80 % de los casos) o solo uno. El paciente pasa una noche en el hospital y después el seguimiento es ambulatorio. Podría alargarse si se asocian otros procedimientos, como la mentoplastia, la rinoplastia, la extracción de muelas del juicio o la colocación de implantes. En los casos estéticos, también puede combinarse con infiltraciones de grasa o retirada de la bola de Bichat.
El tiempo medio de recuperación para la reinserción social y laboral es de unos 14 días. Durante ese periodo hay restricciones dietéticas, con dieta triturada, y se deben evitar los deportes de contacto. Por lo demás, el paciente puede hacer vida normal. En algunos casos, cuando la cirugía se realiza a edades tempranas, el crecimiento posterior puede necesitar algún retoque en la edad adulta.
Las maloclusiones no tratadas pueden provocar sobrecarga dental y, con el tiempo, pérdida de piezas. También pueden afectar a la articulación temporomandibular. En el caso de la apnea del sueño, se asocian a deterioro metabólico, mayor riesgo de hipertensión, somnolencia diurna y otros síntomas. La intervención puede realizarse desde la adolescencia y en cualquier etapa de la vida adulta, aunque los pacientes que buscan un efecto estético o de rejuvenecimiento suelen hacerlo en la quinta o sexta década, y en casos graves de apnea también en edades más avanzadas. La mayoría se opera entre los 15 y los 30 años.




