La obra, que había permanecido en su lugar durante un cuarto de siglo, ha sido reinstalada en la confluencia de Pedro Juan Perpiñán con Pablo Picasso y Antonio Sansano Franco. Aunque la base no está completamente terminada, la presencia de vallas indica que los trabajos de remate continúan. Su ubicación anterior era en las Puertas Coloradas, frente al huerto desde donde cada 28 de diciembre inicia su tradicional carrera el guardacostas.
El bipartito de PP y Vox de Elche retiró la escultura de Soria el pasado noviembre, argumentando que estaba siendo restaurada. Esta decisión generó preocupación en círculos artísticos, que temían la pérdida definitiva de la obra. La intención del gobierno local era sustituirla por una imagen religiosa, como finalmente ocurrió con una escultura de la Patrona de Elche, la Virgen de la Asunción, y Francesc Cantó. Las explicaciones sobre la retirada de la obra de Soria fueron vagas, sin concretar el nuevo emplazamiento ni mostrar informes.
Un informe técnico de febrero, firmado por Gemma Mira, jefa de Gestión de Restauración de Bienes Culturales del Ayuntamiento de Elche, avaló la conservación de la escultura. Este documento confirmó que la restauración en los almacenes municipales de Carrús estaba en la recta final. En ese momento, el ejecutivo local ya apuntaba a que la instalación sería cuestión de semanas y que iría en Pedro Juan Perpiñán, cerca del puente de la Generalitat, como finalmente ha sucedido, concretamente cerca del restaurante Sansano’s.
El informe detallaba que la escultura, de acero pulido y acero policromado, de estilo abstracto/constructivista y de 7 x 1,40 metros, presentaba pérdidas de policromía, desconchados, oxidación y deterioro en la base estructural debido a la exposición atmosférica. Por ello, se consideró necesaria una intervención para su estabilización y recuperación estética. El informe también destacaba la relevancia de Salvador Soria, ganador del VIII Premio de Artes Plásticas de la Generalitat Valenciana en 2009, y su participación en una exposición antológica en el Museo de Arte Contemporáneo de Elche en diciembre de 1983, consolidando su vínculo con la ciudad.
La contextualización de la obra señala que el Dragón de Jaume I fue instalado en 2001 como parte de la renovación urbana de Elche a principios del siglo XXI. Concebida como arte público contemporáneo, la escultura establece un diálogo entre el lenguaje abstracto constructivista del autor y la memoria histórica asociada a la figura de Jaume I, integrándose en el entorno urbano como hito escultórico de referencia. Esta memoria histórica está vinculada al fundador del Reino de Valencia, justo en el año en que se cumple el 750 aniversario de su fallecimiento.




