Tensa espera en Alzira ante la falta de noticias del joven detenido por Israel

La familia de Álvaro Pérez Guardiola, capturado en un barco de la flotilla hacia Gaza, vive momentos de incertidumbre ante la falta de contacto.

Imagen genérica de un nombre escrito en un papel con un mapa al fondo.
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Imagen genérica de un nombre escrito en un papel con un mapa al fondo.

La familia del joven alzireño Álvaro Pérez Guardiola, detenido el martes por militares israelíes cuando se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria, vive momentos de tensa espera e incertidumbre ante la falta de noticias de su hijo.

La familia del joven alzireño Álvaro Pérez Guardiola, capturado el martes por militares israelíes en uno de los barcos de la Global Sumud Flotilla cuando se dirigía con ayuda humanitaria a Gaza, vive momentos de profunda incertidumbre. No han podido hablar con él desde su detención, calificada de “ilegal” por los padres. La información recibida a través de los canales de la flotilla indica que los primeros activistas arrestados han comenzado a desembarcar en el puerto de Ashdod al mediodía, donde personal del consulado y abogados les esperan. Se espera que, una vez identificados, sean trasladados a la cárcel de Ktziot.
Los padres de Álvaro, que viajaba al frente de uno de los barcos, explican que están intentando protegerse anímicamente. “No podemos estar resentidos o enfadados con nuestro hijo, que esté allí no es para sentirnos avergonzados”, afirman, destacando que son una familia pacifista que cree en el cambio social y que han educado a sus hijos en la empatía. Lamentan la situación que les toca vivir, pero subrayan la respuesta de su hijo ante la situación en Gaza: “las madres de Gaza tampoco desean el bloqueo y el genocidio por parte de Israel”.
La preocupación se intensifica por las informaciones sobre el uso de la violencia por parte de las fuerzas israelíes. “No estamos hablando de gente normal, sino de gente que ha bombardeado durante dos años y medio a una población entera, que ha matado de forma indiscriminada”, señalan los padres, que esperan que los activistas no sean tratados como delincuentes en la cárcel de Ktziot. “Esperamos que no sean tan bestias de tenerlos mucho tiempo en una prisión como delincuentes, que vaya rápido, porque sino la indignación irá creciendo y también la angustia”, concluyen.