La sobreexplotación de los recursos naturales ha llevado a situaciones críticas para muchas especies marinas. El salmón atlántico y la anguila europea ya han visto sus poblaciones drásticamente reducidas. En este mismo camino se encuentra la chirla, un molusco bivalvo muy apreciado, cuyas poblaciones en el Mediterráneo han sufrido un declive significativo. Si en los años 90 se pescaban más de cien mil toneladas anuales, hoy en día raramente se alcanzan las cincuenta mil.
Esta reducción se debe a una pesca excesiva que superaba la capacidad de regeneración de la especie. La constatación de menos individuos reproductores llevó a la prohibición de su captura en varias comunidades autónomas, incluyendo la Comunidad Valenciana y Murcia, hace más de diez años. Italia y Turquía son actualmente los principales productores mundiales, a pesar de también sufrir reducciones poblacionales.
Con el objetivo de revertir esta situación, el Instituto de Acuicultura de Torre la Sal (IATS), dependiente del CSIC, ha llevado a cabo un trabajo de investigación entre 2022 y 2023. El estudio, liderado por Carlos Saavedra, científico especialista en genética y biología molecular de moluscos, ha buscado lograr la cría en cautividad de la chirla para repoblar los bancos naturales.
Mediante la aplicación de técnicas similares a las utilizadas para otros moluscos, como ostras o almejas, el equipo de Saavedra ha logrado controlar la reproducción en cautividad. Esto se ha hecho manipulando la temperatura del agua y la dieta de los animales, ofreciéndoles una mezcla óptima de algas microscópicas. Con choques térmicos controlados, se consigue que las chirlas liberen sus gametos, resultando en larvas tras 48 horas.
Aunque los resultados preliminares son esperanzadores, todavía existen retos. Solo un porcentaje de los individuos responde al choque térmico, y se necesita optimizar las combinaciones de dieta y temperatura para aumentar el éxito reproductivo. El cambio climático también juega un papel crucial, ya que las altas temperaturas y las olas de calor pueden provocar puestas espontáneas con baja supervivencia de las larvas.
El calentamiento del mar preocupa especialmente, ya que se han constatado altas mortalidades en diversas especies marinas. El IATS trabaja actualmente en un proyecto para estudiar la respuesta de las almejas al calentamiento global. El objetivo final es que la chirla pueda recuperar su densidad poblacional y, eventualmente, volver a ser objeto de pesca sostenible.




