El crecimiento que Vila-real había consolidado entre 2016 y 2019 se vio interrumpido en 2020 por la pandemia. La COVID-19 no solo impactó en la salud pública, sino que alteró el modelo económico de la ciudad y abrió un período de incertidumbre. La crisis mundial golpeó con fuerza a la industria cerámica, principal motor económico de la ciudad.
La crisis energética, derivada del contexto internacional y la guerra de Ucrania, impactó directamente en la industria cerámica. El encarecimiento de los costes y las dificultades en los mercados internacionales afectaron a empresas clave, frenando el dinamismo económico de Vila-real. Este incremento de los costes energéticos obligó a muchas empresas a reducir su producción y recurrir a expedientes de regulación temporal de empleo, con un efecto inmediato sobre la economía local.
“"Mientras Castellón, o Burriana presumían de inversiones, Vila-real negociaba sus deudas."
En este contexto, la llegada de los Fondos Europeos Next Generation generó expectativas. Sin embargo, la ciudad no pudo acceder en igualdad de condiciones a estas ayudas, ya que los fondos no cubrían la totalidad de los costes y los municipios debían aportar una parte del gasto. La falta de capacidad económica para cofinanciar los proyectos dificultó la participación del Ayuntamiento en estas convocatorias, suponiendo una desventaja frente a otras ciudades.
El impacto de la pandemia y sus consecuencias económicas se trasladaron también al ámbito político. Después de años de estabilidad, el escenario cambió en las elecciones municipales de 2023. Un portavoz del ayuntamiento logró revalidar el gobierno de Vila-real, pero perdió la mayoría absoluta que había mantenido en etapas anteriores, reflejando un cierto desgaste después de años de gestión en un contexto complejo. El pacto de gobierno entre el PSOE y Compromís permitió mantener la alcaldía y presentar nuevas estrategias de futuro para la ciudad.




