La Fundación Mutua de Propietarios ha presentado un informe alarmante que pone de manifiesto las dificultades que afrontan más de 276.400 valencianos con movilidad reducida para acceder a sus hogares. El 97% de los edificios presenta, como mínimo, una barrera arquitectónica, convirtiendo un gesto cotidiano como entrar o salir de casa en una auténtica carrera de obstáculos.
Las barreras comienzan incluso antes de entrar al edificio: el 65% de los inmuebles no es accesible desde la calle al portal, principalmente por la presencia de un simple escalón (65% de los casos). Además, un 40% de las rampas existentes no dispone de barandilla, un elemento clave para la seguridad.
Una vez dentro del portal, los obstáculos continúan. El 52% de las fincas no es accesible en esta zona. Las puertas pesadas o que se cierran lentamente afectan a casi la mitad de los casos, y un 30% presenta dificultades de apertura por su peso. También se detectan problemas con los porteros automáticos, ya que solo el 42% está a la altura adecuada, y tres de cada cinco buzones resultan inalcanzables.
El ascensor, que debería ser una solución, tampoco garantiza siempre la accesibilidad. El 14% de las fincas valencianas no dispone de ascensor, y cuando lo hay, el 43% presenta un desnivel inadecuado. En el interior, las dificultades son aún mayores: puertas pesadas (87%), botones demasiado altos (85%), tiempos de cierre insuficientes (83%) y falta de espacio (78%). En total, el 64% de los ascensores no cumple los criterios de accesibilidad física para el uso en silla de ruedas.
El estudio también revela una brecha en la percepción del problema: las personas sin problemas de movilidad valoran la accesibilidad de sus edificios con un 7,3, mientras que aquellas con dificultades la rebajan hasta un 5,9. A esta falta de conciencia se une el factor económico, ya que el 84% de las comunidades considera difícil adaptar sus edificios.
La directora de la Fundación Mutua de Propietarios, Cristina Pallàs, subraya la importancia de garantizar la accesibilidad: “Una vida libre e independiente empieza en lo más cotidiano: poder entrar y salir de casa sin ayuda”. La entidad recalca que, ante el envejecimiento de la población, garantizar edificios accesibles es una inversión imprescindible para la calidad de vida.




