Las instalaciones del centro, con relojes que marcan las diferentes zonas horarias mundiales, acogen a personas de hasta diecisiete países. En días como el 20 de junio, Día Mundial de los Refugiados, las historias de estas personas cobran especial relevancia. Un residente de Sudán, que llegó hace casi dos años, y otro de Siria, que vino en barco, comparten parte de su testimonio.
Por temor a posibles represalias, muchos residentes prefieren mantener el anonimato, pero expresan su agradecimiento por la acogida recibida en España. "Estoy muy feliz aquí, en España, porque hay protección internacional para los refugiados y una ayuda muy buena", asegura uno de los residentes. Otro ya ha completado cuatro meses de clases de castellano y su objetivo ahora es encontrar trabajo.
Estos centros, como el de Mislata, integrado en la red estatal de centros de migraciones, ofrecen alojamiento a personas que tramitan su situación legal en España y no disponen de recursos económicos. Son personas que han sufrido violencia, torturas o algún tipo de vulneración de sus derechos humanos.
Según explica Ricardo Boix, director del centro, aproximadamente una cuarta parte de los residentes han sido ucranianos, seguidos de colombianos, venezolanos y sirios. El objetivo del recurso es favorecer la integración mediante clases de castellano, informática y talleres culturales para facilitar la reconstrucción de sus vidas lejos de los conflictos.




