Muere Miguel Brass, maestro de ceremonias del cabaret valenciano

El artista, figura clave de la noche valenciana, falleció este sábado tras una vida dedicada al music-hall y el espectáculo.

Imagen genérica de un escenario de cabaret vacío con un micrófono.
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Imagen genérica de un escenario de cabaret vacío con un micrófono.

València despidió este sábado a Miguel Brass, uno de los grandes nombres del cabaret valenciano y artista que mejor encarnó el espíritu nocturno, libre y teatral de la ciudad.

Nacido en Canarias como Pedro Miguel Herrera, Brass hizo de València su hogar artístico y sentimental, convirtiéndose en una figura imprescindible para entender el declive del music-hall local. Fue clave en salas como Belle Époque, La Bohême o Lady’s, que mantenían viva una forma de espectáculo popular, sofisticada y teatral.
Antes de ser showman, cantante, bailarín, presentador, director artístico y maestro de ceremonias, Brass consideró la vida religiosa. Sin embargo, encontró en el escenario su verdadera vocación, cambiando el hábito por el maquillaje y el silencio conventual por el sonido nocturno de una ciudad que buscaba modernidad.
Tras pasar por distintos ambientes de la farándula peninsular, encontró en Barcelona una escuela decisiva, entrando en contacto con el cabaret y figuras como Dolly van Doll. Su encuentro con Carla Follis, pionera trans y empresaria, fue determinante para su llegada a València y su participación en el proyecto Belle Époque.
La sala Belle Époque, abierta en 1977 en la calle Cuba, se convirtió en el templo del music-hall valenciano y un espacio importante para la comunidad LGTBI. Reunió a un público variado, permitiendo que el mundo del cabaret se abriera a toda la ciudad. Allí, Miguel Brass ejerció de figura central, presentando, cantando, dirigiendo y cuidando la puesta en escena, convirtiéndose en el hilo conductor de un universo de glamour y humor.
Brass no apareció en tierra extraña; València tenía memoria de cabaret desde principios del siglo XX. En los ochenta, su imagen -cabeza afeitada, maquillaje elaborado, elegancia y voz poderosa- condensaba la idea del cabaret como arte total. Formaba parte de una generación que entendía el espectáculo como un oficio artesanal.
Su carrera se extendió más allá de Belle Époque, dejando huella en locales como Lady’s y participando en proyectos como Le Paradís. También llevó su oficio a cruceros y a la televisión local, reivindicando artistas y manteniendo viva una forma de entender el show.
Consideró a Lola Herrera una referencia profesional decisiva, y su colaboración le permitió medirse con el teatro de texto. Pese a los géneros, Brass siempre fue reconocible por su mezcla de elegancia, exceso medido, emoción y descaro.
En los últimos años, su figura se había convertido en memoria viva de una València nocturna a menudo fuera del relato oficial. Su presencia en homenajes recordaba la existencia de aquella cultura de salas de fiesta, vedettes y empresarios de la noche.