La temporada del Levante UD ha estado marcada por una remontada histórica hacia la salvación, superando obstáculos deportivos, económicos y circunstanciales. Con un entrenador nuevo en la categoría, Julián Calero, y una plantilla con poca experiencia, el club se encontró en una competición extremadamente disputada, donde hasta doce equipos luchaban por evitar el descenso a pocas jornadas del final.
El efecto del calendario fue un factor clave. Tras tres años de ausencia, el regreso a la Primera División fue complicado, con partidos iniciales contra los principales equipos españoles en competiciones europeas. El Levante terminó 2026 como el peor local, con solo dos puntos. Sin embargo, el tramo final de la temporada presentó una sucesión de partidos decisivos contra rivales directos por la permanencia, mientras otros equipos ya habían alcanzado sus objetivos.
La dirección deportiva, encabezada por Héctor Rodas y José Gila, apostó por fichajes de bajo coste. Uno de los fichajes más destacados fue Etta Eyong, por quien se pagaron 3,8 millones de euros. Tras un inicio prometedor con cinco goles en siete partidos, su contribución disminuyó drásticamente, incluyendo un penalti fallado decisivo contra el Celta. Su participación en la Copa de África tampoco ayudó, y regresó a Valencia en un estado anímico bajo.
En medio de la dificultad, el joven delantero Espí, con solo 19 años, emergió como una figura clave. A pesar de ser un secundario en el ascenso, terminó la temporada con once goles, siendo el sub-23 con mejor porcentaje de goles por partido. Su actuación lo ha colocado en la prelista del Mundial con España, y se espera una venta estratosférica para un club con una grave crisis económica.
La gestión de Rodas y Gila se basó en la creatividad para compensar la desventaja económica, con una deuda que asciende a 160 millones de euros. Se anticiparon al mercado, buscando jugadores en ligas extranjeras. En el mercado de invierno, mientras rivales como el Valencia o el Girona reforzaban sus plantillas con jugadores contrastados, el Levante incorporó a Paco Cortés, Raghouber y Tay Abed. El fichaje de Luis Castro fue el colofón a una primera temporada exitosa de la secretaría técnica, revalorizando una plantilla adquirida a precio de saldo.
Luis Castro, técnico portugués, ha revolucionado la liga española. A pesar de las predicciones negativas del presidente del Nantes, Waldemar Kita, Castro ha terminado como el entrenador revelación. Las claves de su éxito incluyen un estilo de fútbol directo, una confianza firme en la cantera (con jugadores como Espí, Tunde, Cortés o Nacho Pérez) y un sistema 4-3-3 que ha revalorizado a futbolistas como Olasagasti y Pablo Martínez.
La salvación del Levante también se ha forjado con episodios emotivos y polémicos. La pérdida de cinco puntos en el tiempo de descuento en los primeros partidos evocó fantasmas del pasado. Un escándalo arbitral en Vallecas, donde una mano no señalada costó dos puntos clave, fue otro momento crítico. Además, las dos derrotas contra el Valencia, con la polémica exhibición de un banderín por parte de Cömert, generaron una profunda decepción.
A pesar de todo, la plantilla se rebeló contra el guion del fatalismo. Desde el debut de Castro el 4 de enero, el Levante sumó 32 puntos, cifras dignas de Champions, y 28 puntos en la segunda vuelta. Cinco victorias consecutivas en casa culminaron una temporada histórica, demostrando la fortaleza del club ante la adversidad.




