El sistema utiliza un mecanismo de bioluminiscencia inspirado en los hongos. Las plantas emiten una luz amarilla constante cuando están sanas, actuando como una luz piloto. En el momento en que un virus infecta el cultivo, la planta cambia el color de la luz a verde, un fenómeno que puede ser detectado por cámaras fotográficas convencionales antes de que la enfermedad manifieste síntomas externos.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, demuestra la eficacia de este sistema en plantas de Nicotiana benthamiana. Los investigadores han programado genéticamente las plantas para que utilicen cuatro enzimas que transforman un compuesto natural, el ácido cafeico, en una molécula que desprende luz.
A diferencia de los métodos de diagnóstico tradicionales como la PCR o el ELISA, que necesitan personal especializado y tiempo de laboratorio, este sistema permite una monitorización continua y autónoma. Según el equipo investigador, esta tecnología minimiza los falsos negativos, ya que si la planta deja de emitir luz, también se activa una señal de alerta.
La aplicación más inmediata de este descubrimiento se centra en la vigilancia temprana en invernaderos y entornos controlados. A largo plazo, el método podría adaptarse para detectar otros patógenos como bacterias u hongos, una herramienta que gana relevancia ante la llegada de nuevas especies invasoras debido al cambio climático.




