Lo que nació hace tres décadas y media como una pequeña almazara para transformar la cosecha de oliva de los agricultores locales, se ha transformado en una empresa agroalimentaria con más de 540 socios y una plantilla que supera el centenar de trabajadores. Con una facturación cercana a los 18 millones de euros, la entidad ha demostrado que la gestión profesional y la diversificación son claves para la supervivencia del mundo rural.
Uno de los aspectos más destacados es su capacidad para frenar el abandono de tierras. Mientras que en el Alto Palancia se perdió cerca de un 20% de la superficie agraria entre 2000 y 2020, en Viver la superficie cultivada ha crecido un 5%. Además, el municipio ha experimentado un crecimiento demográfico sostenido, pasando de 1.196 habitantes en 1991 a 1.726 en 2025.
“"La cooperativa ha sido el sujeto de una metamorfosis gracias a la ilusión y el trabajo de un grupo de personas que creemos en el futuro del mundo rural."
La estrategia de la entidad se basa en la diversificación, contando actualmente con seis líneas de producción que incluyen, además del aceite, la almendra, la nuez y el vino. La cooperativa también ha innovado en la gestión directa de explotaciones, asumiendo el cultivo de parcelas cuando los socios no encuentran relevo generacional, lo que les ha convertido en el mayor productor agrícola de la comarca.
Finalmente, la cooperativa ha extendido su impacto social mediante la colaboración con ayuntamientos para abrir tiendas de proximidad en pequeños municipios, garantizando el acceso a productos básicos. Con proyectos de futuro que incluyen la expansión del modelo de gestión de tierras y el liderazgo en la producción de nuez, la entidad continúa trabajando para hacer el mundo rural un lugar con más oportunidades.




