Los desempleados mayores de 45 años y los jóvenes se han convertido en dos de los colectivos prioritarios dentro de las nuevas políticas activas de empleo impulsadas por el Gobierno y coordinadas por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Aunque no se trata de una nueva ayuda económica general ni de un subsidio extraordinario, sí supone el despliegue de nuevos programas de orientación laboral, formación y acompañamiento para facilitar la inserción en el mercado de trabajo.
La medida forma parte de la Estrategia Española de Apoyo Activo al Empleo 2025-2028, aprobada por el Ejecutivo y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Esta estrategia servirá de marco para repartir miles de millones de euros entre las comunidades autónomas destinados a políticas de empleo, recualificación profesional y atención personalizada a desempleados con más dificultades para encontrar trabajo.
El objetivo del Gobierno pasa por reforzar especialmente la atención a colectivos vulnerables en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico, la transformación digital del empleo y el incremento del gasto en pensiones. Según las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), España ganará población mayor de 65 años durante las próximas décadas, mientras informes de AIReF y del Instituto Santalucía –entre otros– vienen advirtiendo desde hace años de la necesidad de aumentar el empleo y prolongar las carreras laborales para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones.
La principal novedad no está en la creación de una nueva ‘paga’, sino en el modelo de atención al desempleado. La nueva estrategia estatal apuesta por una orientación laboral más individualizada, con itinerarios personalizados, seguimiento continuo y programas adaptados al perfil de cada persona.
Entre los colectivos prioritarios aparecen los jóvenes, los desempleados de larga duración, las personas mayores de 45 años, las personas con discapacidad, las mujeres con especiales dificultades de inserción y los beneficiarios de subsidios o prestaciones.
En el caso de los mayores de 45 años, el foco se pone en mejorar la reincorporación laboral de trabajadores que suelen enfrentarse a mayores obstáculos para volver al mercado laboral tras perder su empleo. Para ello, las administraciones podrán impulsar programas de recualificación digital, orientación intensiva, formación subvencionada y medidas de acompañamiento profesional.
Los jóvenes, por su parte, seguirán teniendo acceso prioritario a iniciativas vinculadas con la formación dual, programas de primera experiencia profesional, Garantía Juvenil y sectores ligados a la digitalización y la economía verde.
El acceso a estos programas dependerá en gran medida de cada comunidad autónoma y de las convocatorias concretas que publiquen los servicios públicos de empleo. No obstante, la normativa estatal establece algunos requisitos generales que previsiblemente serán comunes en la mayoría de los casos. Entre ellos destacan estar inscrito como demandante de empleo, mantener actualizada la demanda en el servicio autonómico correspondiente, participar en itinerarios de inserción laboral y cumplir las condiciones específicas de cada programa de formación u orientación.
Las solicitudes podrán tramitarse a través de las oficinas autonómicas de empleo y, en algunos casos, mediante la sede electrónica del SEPE o de los servicios regionales de empleo.
Por el momento, lo confirmado oficialmente es el refuerzo de las políticas activas de empleo y la prioridad de determinados colectivos dentro de la nueva estrategia estatal. También está aprobado el reparto de fondos públicos para financiar programas de inserción laboral, formación y acompañamiento. Sin embargo, no se ha anunciado una nueva ayuda económica directa para todos los desempleados mayores de 45 años ni para todos los jóvenes en paro. El subsidio para mayores de 52 años, por ejemplo, continúa existiendo con su regulación actual y seguirá funcionando de forma independiente a estas nuevas políticas de empleo.
El reto de fondo para el mercado laboral español sigue siendo estructural. España mantiene una de las tasas de paro juvenil más elevadas de Europa y un importante volumen de desempleo de larga duración entre trabajadores sénior. Por eso, el Gobierno busca ahora reforzar un modelo más personalizado y orientado a mejorar la empleabilidad real, en un escenario cada vez más condicionado por el envejecimiento de la población y la presión futura sobre el sistema de pensiones.




